Un rincón para la cultura
Por Laura Bucio /
Reportera de Excélsior
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Fernando
Ríos le ayuda a Jamie López con
un problema de matématicas durante una
sesión en las clases de educación
para adultos en el Centro Cultural de México.
(Joshua Sudock / The Register)
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03-13-08 La pequeña
puerta es fácil de pasar por alto. Pero detrás
de la puerta y tras haber subido las escaleras un grupo
de voluntarios luchan cada día por mantener viva
la cultura.
En un día cualquiera en el Centro Cultural de
México, Paloma Sánchez espera en un salón
con paredes de colores y con computadoras a que los
estudiantes de su clase de educación para adultos
lleguen.
En otro salón, Gabriel Sánchez Ávila
pasa una toalla mojada sobre el espejo del tamaño
de la pared que utiliza para dar sus clases de danzón.
El Centro Cultural de México fue establecido
para promover proyectos culturales y hasta ahora ha
logrado esto con voluntarios que ofrecen su tiempo para
dar clases, variando desde clases de defensa personal
hasta clases de son jarocho y música folclórica
del sur de Veracruz.
“El centro es importante porque no hay muchos
espacios donde nosotros podemos fortalecernos a través
de nuestra cultura”, dijo la coordinadora de programas
del centro Ana Urzúa.
El centro ofrece más de 40 clases a la semana
con 15 maestros voluntarios.
“Los maestros del centro son personas que tienen
alguna habilidad que quieren compartir”, dijo
Urzúa. “No se requiere título pero
sí se requiere hacer un compromiso con el centro”.
Una de las clases que ha resultado más exitosa
es la de educación para adultos, en donde se
ofrece la oportunidad de que los adultos que no han
podido terminar sus estudios lo hagan por medio del
Internet, explicó Sánchez, que dirige
la clase.
El programa también les da la oportunidad a los
estudiantes de recibir títulos mexicanos.
Hasta ahora, aproximadamente 12 estudiantes en todo
el país han recibido su título mexicano
utilizando este programa, tres de estos estudiantes
fueron de este centro de Santa Ana, dijo Urzúa.
El Centro Cultural de México está formado
por varios grupos de voluntarios, incluyendo una mesa
directiva que se encarga de supervisar las actividades.
Algunos de los otros cuadros incluyen colaboraciones
transnacionales, que se enfocan en promover el comercio
entre organizaciones mexicanas y organizaciones locales.
Es gracias a la dedicación de estos voluntarios
que se ha logrado el éxito del centro, que ha
continuado creciendo desde que comenzó. Incluso,
han cambiado de localidad tres veces ya que el espacio
nunca es suficiente.
“En cada cambio hemos sufrido un poco en cuanto
a asistencia, pero sólo inicialmente”,
dijo Urzúa. “Ya que empezamos a organizar
y a pasar la voz, vuelve a llenarse el centro”,
añadió.
Urzúa recuerda su llegada al centro cuando comenzó
por tomar clases de son jarocho y desde entonces ha
formado parte de distintos cuadros.
“Creo que algo que sucede cuando llegas a un lugar
como el centro es que te das cuenta de lo único
y lo especial que es ese lugar y esa gente”, dijo
Urzúa. “En el centro todos trabajamos muy
duro, sin esperar dinero a cambio, si no más
bien la satisfacción de trabajar dentro de la
comunidad”.
“Unos de nuestros lemas es que el centro es de
quien lo trabaja... y yo sí siento que tanto
como yo soy del centro, el centro es parte de mi”,
añadió.
En la esquina de un salón, el cristal de la ventana
está roto, pero eso no significa que se escape
el calor familiar que los voluntarios del centro le
dan a todo el que llegue en busca cultura. |
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