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En busca de respuestas

Los problemas presupuestales y la resistencia cultural obstaculizan la lucha por crear leyes

Activistas: Leticia Ayala (izquierda) y Luz Palomino tocan puerta por puerta para advertirle a las familias sobre los peligros del plomo. Ellas fueron a Sacramento el año pasado para pedirle a la Legislatura que combata el problema del plomo. (OCRegister.com)
¿Estará comiendo plomo? José Beltrán no sabía que el dulce que su hijo Danny come podría contener plomo. Después de que The Register le informó que las paletas Vero Mango han resultado con altos niveles de plomo en algunas ocasiones, Beltrán dijo que el estado debería hacer públicos los resultados de sus análisis.
En Esta Nota
LA LUCHA DE UNA ACTIVISTA
LEGISLADOR ABRE LOS OJOS
SE NIEGAN A CREER
PROBLEMAS PRESUPUESTARIOS FRUSTRAN PROPUESTA DE LEY
SE PASA POR ALTO AL PLOMO
LA LUCHA CONTINÚA
¿LES IMPORTA?’
 

No se sorprenda cuando aparezcan las mujeres desnudas. Se han preguntado unas a otras qué tan lejos irían para que por fin alguien las escuche.

Se han reído pensando cómo entrarían al Capitolio de gobierno estatal en Sacramento cargando bolsas llenas de dulces mexicanos envenenados. De la forma en que se pararían frente al cuerpo legislativo y ¡epa! sus vestidos caerían al piso.

Así están de frustradas.

Estas 10 activistas comunitarias, o promotoras, están cansadas de perder su batalla para la protección de los niños de California ante los dulces tóxicos que el gobierno estatal por lo regular ignora; dulces que, según el gobierno mexicano, son muy difíciles de regular.

El verano pasado, las mujeres de la Coalición de Salud Ambiental, con sede en San Diego, fueron el principal respaldo de la legislación que prometía cambios arrasadores al programa estatal de prevención contra el plomo, una expansión de 1.2 millones de dólares que incrementarían los análisis en dulces, establecería claros procedimientos para publicar alertas de salud y daría acceso a los padres y a los trabajadores de la salud a los registros sobre los distintos niveles de plomo.

Pero las promotoras recibieron una dura lección sobre la política de Sacramento.

Los grupos de presión de la industria de dulces estadounidense trataron de convencer a los legisladores de que el gobierno federal se estaba encargando del plomo en los dulces, aunque el gobierno federal no tenía dichos planes. Los legisladores, enfrentados a un masivo déficit presupuestario estatal, prefirieron creerles.

Y la oficina estatal de prevención contra el plomo, cuya misión principal es proteger a los niños ante los peligros del plomo, no ofreció ningún testimonio. El silencio de la agencia molestó mucho a las promotoras. Su líder, Leticia Ayala, de 31 años, comenzó la batalla para cambiar la ley con un poco más que esperanza. En la actualidad sigue en la lucha.

Pero lo que ha ocurrido mientras tanto ha comprobado su resolución, su inteligencia y su creencia de que el gobierno puede efectuar cambios.

LA LUCHA DE UNA ACTIVISTA

Ayala no está casada y no tiene hijos, pero es tan apasionada como cualquier madre cuando se trata de mantener el plomo lejos de los niños.

Hizo su práctica profesional como recepcionista para la Coalición de Salud en 1993, y escaló posiciones hasta alcanzar la que ocupa en la actualidad como directora de la Campaña para la Eliminación del Envenamiento por Plomo en la Niñez. La Coalición de Salud Ambiental es una organización no lucrativa que trata de involucrar a la comunidad de San Diego en asuntos ambientales como la protección de pantanos, la prohibición de pesticidas tóxicos y la erradicación del plomo.

Durante tres años, Ayala ha estado tratando de hacer conciencia en cualquiera que la escuche sobre los peligros del plomo en los dulces.

En el 2001, una alerta de salud sobre un niño de Costa Mesa motivó a Ayala a convertirse en activista.
El niño tenía un peligroso alto nivel de plomo en la sangre. Cuando los investigadores trataron de encontrar el origen de ese nivel, no se encontraron las sospechas usuales en estos casos, como pintura en las paredes de la casa, tierra contaminada o tuberías anticuadas. Lo que descubrieron fue Bolirindo, un popular dulce de tamarindo con sabor a chile. Inmediatamente, el estado emitió una alerta y ordenó retirar Bolirindo de las estanterías de las tiendas.

Si Bolirindo estaba contaminado, pensó Ayala, ¿qué otros dulces podrían también ser peligrosos?

Ella recuerda haber llamado al Departamento de Servicios de Salubridad para preguntar sobre la posibilidad de que hubiera plomo en otros dulces. “Ellos dijeron, ‘No hemos hecho un seguimiento sistemático sobre los dulces’”, recordó Ayala.

Lo que ella desconocía en ese momento fue que el estado había estado haciendo un seguimiento del contenido de plomo en los dulces mexicanos desde 1993. The Orange County Register encontró registros de más de 1,500 análisis que mostraban que uno de cada cuatro dulces habían resultado con un nivel de plomo más elevado que el nivel de peligro establecido por el estado.

El estado ha establecido el “nivel de preocupación” en 0.2 partes por millón (ppm) de plomo. Un niño que coma 0.2 ppm de un pedazo regular de dulce estaría expuesto a seis microgramos de plomo, cantidad que el estado considera peligroso.

Ayala decidió comenzar a hacer su propio seguimiento.

Durante la Semana Nacional de Prevención de Envenamiento por Plomo en octubre del 2001, Ayala y su grupo visitaron las dulcerías de la Avenida Imperial de San Diego, una calle que no se vería fuera de lugar en el centro de Tijuana.

Ayala y las promotoras enviaron al estado más de 30 muestras de dulces importados para su análisis.

Los resultados preliminares confirmaron lo que Ayala temía. Siete de los dulces resultaron con niveles de plomo más altos que los permitidos por el estado. Pero el estado dijo que tenía que hacer pruebas adicionales antes de tomar cualquier medida. Entonces, Ayala hizo dos cosas que los activistas suelen hacer: se enojó y decidió hacer algo al respecto.

“Es indignante”, dijo Ayala. “En verdad te afecta cuando ves todos esos dulces en las tiendas. Te enoja mucho”.

Ayala y sus promotoras comenzaron una campaña en San Diego para educar a los propietarios de las tiendas, a los padres de familia y a cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar. Pero esa era la forma común de hacer las cosas, el mismo tipo de educación pública que el Departamento de Salubridad del estado por lo regular ejecuta con panfletos, números telefónicos para recibir quejas o comentarios del público, y estadísticas.
Pero las campañas educativas por lo regular no alcanzan a más público que a los padres que asisten a las presentaciones.

Ayala decidió entonces hacer un cambio importante.

Viajó al sur hacia Chula Vista y marchó hasta el interior de la oficina de Juan Vargas, asambleísta de California.

Cuando Ayala entró a la oficina, encontró a Tanya aldaz, encargada de relaciones públicas para Vargas, comiendo Chaca Chaca, un dulce salado que ha resultado con altos niveles de plomo en distintas ocasiones, según documentos estatales.

Ayala comenzó la reunión informando que el Chaca Chaca había resultado varias veces con altos niveles de plomo.

“Los ojos de Tanya se agrandaron”, dijo Ayala.

LEGISLADOR ABRE LOS OJOS
Juan Vargas recuerda las naranjas.

El tiene nueve hermanos y su familia era tan pobre cuando residían en National City, cerca de San Diego, durante su infancia, que en ocasiones su único alimento eran las naranjas que su madre recolectaba de los árboles de los vecinos. Él también se acuerda de los dulces. Su favorito era uno de tamarindo.

“A mi padre le encantaban también, y me los compraba", dijo Vargas. “Especialmente durante la Navidad, yo solía comerme esas cosas como si se estuvieran acabando. Y después de Semana Santa yo acostumbraba comerlos por montones”.

El día que Leticia Ayala entró a su oficina fue la primera vez que Vargas supo que los dulces de tamarindo podrían estar contaminados.

Vargas no podía creerlo.

“Es como descubrir que la leche contiene plomo”, dijo Vargas.

La historia de Vargas es inspiradora. Él superó la pobreza de su familia y asistió a la Universidad de San Diego, la Universidad Fordham y la Universidad Harvard, donde se graduó en leyes. Pasó cinco años estudiando para ser sacerdote. Trabajó en un hospicio con pacientes terminales. Ha trabajado con pandillas del este de Los Angeles. Trabajó en un refugio en el Bronx para las personas sin hogar.

Ganó su asiento en la Asamblea en el 2001, y no fue hasta hace poco que dejó de cargar dulces en sus bolsillos.

Con la ayuda de Ayala, Vargas escribió la AB256, una propuesta de ley de seguridad alimentaria que solicitaba 1.2 millones de dólares para permitir que la unidad de prevención efectúe una mayor cantidad de análisis en los dulces.

Convencer a los legisladores no era su único obstáculo.

SE NIEGAN A CREER
Es difícil cambiar una ley, pero puede ser más difícil cambiar una cultura.

Los padres de familia Violeta y Víctor Estrada, residentes de La Habra, descubrieron hace unos años que dos de sus niñas, ahora de 11 y 13 años de edad, padecían de envenenamiento por plomo. Una enfermera les platicó sobre los peligros de los dulces mexicanos.

Los Estrada dijeron que continúan comiéndolos. Entre los dulces favoritos de su hija de once años, Jessica, están los dulces de tamarindo envasados en ollitas de barro, que han resultado con altos niveles de plomo en varias pruebas.

“Me gustan todos”, dijo Jessica, cuya sangre resultó con altos niveles de plomo en 10 ocasiones en análisis practicados desde 1994 hasta 1998.

Violeta Estrada dijo que se sentía “concha” por no haber logrado mantener a sus hijas alejadas de los dulces. También dijo que le molestaba que tales dulces estén tan disponibles.

Victor Estrada dijo que parte de ello tiene que ver con la información.

“Estamos pobremente educados en cuanto a esto”, dijo.

Alguna gente no quiere infamar a su cultura.

Gloria Bonilla, otra madre de familia de La Habra, no le dijo a su hijo Javier qué fue lo que lo envenenó.

Ella está segura que fueron los dulces envasados en ollitas de barro importados que ella le compraba a diario en el carro de helados que llega al vecindario.

Los dulces no sólo han resultado altos en niveles de plomo, sino que las ollas, con su embarnizado a base de plomo, son particularmente peligrosas.

Pero Bonilla dijo que ella no quiere que sus niños asocien a México, su país natal, con ideas negativas.

“No olvidaré quién soy o de dónde vengo, pero si (los dulces) son dañinos para mis hijos, no se los voy a dar”, dijo Bonilla. “Amo a mi país, pero no quiero que mis hijos se enfermen”.

Entonces, la madre soltera trata de evitar la camioneta de los helados. Lleva a sus hijos a la iglesia, a la biblioteca o al parque después de la cena, cuando un carro que vende los dulces pasa por la calle donde viven, con el sonido distintivo que hace a sus niños saltar de gusto.

Algunas veces, a pesar de lo que ella ya sabe, de todas maneras deja a sus hijos comprar los dulces tóxicos.
“Hay momentos cuando no puedo evitarlo”, dijo. Muchos latinos no creen que un dulce que han disfrutado por generaciones pudiera hacerles tal daño.

Los niños envenenados por plomo no se miran enfermos. Pero estudios han demostrado que, aún en bajos niveles, el envenenamiento por plomo se asocia a un bajo nivel de inteligencia, desarrollo conductual dispar y reducido crecimiento, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos.

Juan Rivas, gerente del supermercado Northgate Markets en Buena Park, vende una gran variedad de dulces mexicanos, que son algunos de los productos más populares en la tienda.

“Tengo muchos sobrinos; ellos los consumen aquí, y ninguno de ellos tiene un trastorno mental”, dijo Rivas, a quien también le encanta comer las golosinas con sabor agridulce. “Los consumimos en México. Nunca ha pasado nada allá”.

Pero expertos dicen que comer plomo puede causar serios problemas de salud.

El comerciante de dulces del centro de Los Angeles Benjamin Santoyo se rehúsa a creerlo.

“No es cierto”, dijo Santoyo, cuya tienda, El Cora, es parte de un grupo de puestos comerciales llenos de dulces, piñatas, frutas frescas y chile seco que atrae a propietarios de pequeños negocios de Los Angeles y Orange County. “Si tuvieran plomo, la gente no los compraría. Todo mundo en México se moriría”.

El negociante bromea que su negocio vende más cada vez que la gente escucha sobre el plomo en los dulces.

“Muestran curiosidad, quieren comer el plomo, dicen que el plomo es bueno para la sangre”, dijo Santoyo, cuyo inventario incluía tamarindo envasado en ollitas de barro y otras marcas que el estado ha encontrado con altos niveles de plomo. “(El Tamarindo en las ollas de barro) es el que más se vende. Ellos dicen, “Ah, tamarindo con plomo, qué tan bueno sabrá?”

PROBLEMAS PRESUPUESTARIOS FRUSTRAN PROPUESTA DE LEY
La primavera y el verano pasados, el cuerpo legislativo discutió la propuesta AB256.

Fue aprobada por el Comité de la Asamblea de Salubridad con un voto de 15 a 6. Pasó el Comité de Gastos por 18 a 6. x Pasó la Asamblea con 46 votos contra 27. Pasó el Comité de Salud y Servicios Humanos del Senado, con un voto de 10 a 2. La organización defensora del medio ambiente, Sierra Club, también la apoyó.

Ayala y Vargas pasaban una buena racha de suerte. Ellos creían, dijeron ambos después, que la propuesta iba a ser un éxito rotundo.

Ayala y Vargas testificaron cuatro veces ante comités estatales. Cada vez Ayala llevó su bolsa de plástico conteniendo dulces con plomo y habló sobre los riesgos para la salud asociados con el consumo de plomo.

Durante su presentación, solicitó que alguien del departamento de salubridad del estado se uniera a ella para hacer declaraciones. Pero le informaron que debido a que el departamento sentía que la propuesta de ley era muy costosa, nadie iba a declarar a favor de ella.

En cada ocasión Ayala tuvo que aguantar a los legisladores que trataron de caer en gracia. Éstos la reprendían en forma de broma por no traer suficientes dulces para que les tocara uno a cada uno de los miembros del comité.
A Ayala no le causó gracia.

Los legisladores votaron a favor de la propuesta.

Parecía que el salvar a los niños de los peligros del plomo era algo fácil.

Hasta que se mencionó el dinero.

En un año en que el estado enfrentaba un déficit fiscal de 38.2 mil millones de dólares, el costo cambió todo.

El Comité de Gastos del Senado estimó que la propuesta de ley de Vargas necesitaría 650,000 dólares para empezar y se mantendría con 525,000 dólares anuales.

El asunto del dinero amenazó con matar la propuesta, especialmente entre los legisladores que habían comido los dulces durante toda su vida.

“He comido los dulces durante mis almuerzos, y todavía estoy vivo”, dijo Bob Pacheco, republicano de Walnut. Pacheco, anterior vice presidente del Comité de la Asamblea de Salubridad, votó contra la propuesta. “Es muy difícil para mí verla y decir, ‘bueno, sí, de veras que son bastante dañínos’, cuando los he comido toda mi vida. No podía ver justificación alguna, tampoco encontré suficientes pruebas”.

Los únicos argumentos contra la propuesta los hicieron Dennis Loper, miembro del grupo de presión de la empresa Hershey, y Kristin Power, del grupo de presión de los Fabricantes de Comestibles de América (Grocery Manufacturers of America). Hershey produce algunos de sus chocolates en México. Uno de los dulces de la compañía había resultado con niveles de plomo, que los oficiales de California consideran peligrosos, en julio del 2001, según expedientes.

Loper y Power fueron breves con sus comentarios sobre la propuesta de Vargas, con una participación de menos de un minuto.

Ambos dijeron que la legislación estatal era innecesaria porque la Ley contra el Bioterrorismo del gobierno federal permitía que los investigadores de la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) detuvieran en la frontera el ingreso de los dulces contaminados a los Estados Unidos.

“En últimas cuentas, es la FDA la que tiene la responsabilidad de remover (los dulces adulterados)”, dijo Power.
El Comité de Gastos del Senado votó aún sin contar con una investigación que comprobara que la Ley contra el Bioterrorismo de la FDA en realidad examina los dulces.

Ayala se encontraba en Costa Rica en ese momento. Aunque ella quería estar en Sacramento para ver los resultados, había programado unas vacaciones y no pudo cambiar sus planes.

Le dió a un amigo su dirección de correo electrónico pidiéndole que la contactara en cuanto se hiciera la votación final.

SE PASA POR ALTO AL PLOMO
La Ley contra el Bioterrorismo, creada después del 11 de septiembre del 2001, le proporciona dinero a la FDA para evitar que los terroristas contaminen los suministros de alimentos de los Estados Unidos.

Le permite a la FDA contratar inspectores adicionales y a técnicos en análisis. Requiere que las empresas extranjeras se registren con la FDA. También requiere que las compañías notifiquen al gobierno federal antes de embarcar los alimentos hacia este país.

Pero su objetivo principal es detener el sabotaje, no el plomo en los dulces.

La Ley contra el bioterrorismo coloca a los inspectores de contaminantes en últimos lugares. La detección de ántrax y botulismo son la prioridad porque éstos son sumamente fatales. En segundo lugar de prioridad se encuentran la salmonella y la bacteria E. Coli, que en menor grado pueden causar la muerte y enfermedad.

El plomo, que provoca la mayoría de sus daños después de cierto tiempo ante una exposición repetitiva, y constituye más una amenaza a la niñez menor de seis años de edad, ocupa la lista sólo como un agente potencial que podría ser usado por terroristas en un ataque.

En realidad, dicen los expertos, el plomo no recibe mucha atención.

“No hay nada que nos permita creer que los terroristas están envenenando con plomo a los niños de California”, dijo Calum Turvey, director del Instituto de Política Alimenticia de la Universidad Rutgers. “Si no se controló el plomo antes de la existencia de la Ley contra el Bioterrorismo, no se controlará ahora”.

Antes de la ley, la FDA inspeccionaba cerca del 2 por ciento de los alimentos que cruzaban la frontera. ¿Cuánto alimento se inspecciona ahora? Dos por ciento. Y no existe plan alguno para incrementar estas inspecciones de alimentos, dijo Sue Challis, vocera de aduanas.

El Dr. Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación Americana de Salud Pública y exsecretario de salud del estado de Maryland, cree firmemente que los legisladores de California cometieron un error si creyeron que la FDA prestaría atención al problema del plomo en los dulces.

“El estado tiene una responsabilidad con sus ciudadanos en primer lugar”, dijo Benjamin. “No debe de depender del gobierno federal para regular sobre lo que entra al estado. La FDA tampoco cuenta con recursos. La Ley contra el Bioterrorismo no va a ayudar. La FDA está buscando ántrax y plagas”.

Aún cuando se les dijo que los dulces con plomo no están cubiertos por la Ley contra el Bioterrorismo, algunos legisladores dijeron que la protección de alimentos es una responsabilidad federal. Votaron contra la propuesta pese a que escucharon los testimonios de que los mecanismos de análisis estatales cuentan con escasos fondos y personal.

El asambleísta republicano de Irvine, John Campbell, dijo que tampoco ayudará el agregar nuevos empleados estatales, más regulaciones o reglas para el registro de análisis. “La duplicación de esfuerzos no ayuda a nadie”, dijo Campbell.

Con esta propuesta de ley, a final de cuentas no importaba la votación; el Comité de Gastos del Senado la consideró muy costosa.

Incluso el senador demócrata de San Diego Dede Alpert, que respaldaba la AB256, dijo que a la propuesta nunca se le dió una oportunidad porque el departamento de salubridad estaba en tal crisis que en lugar de estar contratando trabajadores, los estaba despidiendo.

“¿Cómo podríamos reunir a suficientes empleados para hacer esto?”, dijo Alpert, quien reside cerca de la frontera. “Aunque ésta sea una buena causa, existen ya otros programas para los que tampoco podemos encontrar financiamiento.

“Es triste. Uno quisiera que existiera una solución federal porque este es un problema internacional. Pero la gente en la frontera tiene suficientes problemas con las drogas, armas y ahora el terrorismo. (Los dulces) estarían al final de su lista de prioridades”.

LA LUCHA CONTINÚA
Leticia Ayala estaba en un café Internet en Costa Rica cuando recibió el correo electrónico de su amigo.

Era una descripción de lo que había sucedido con la AB256 en el senado. Ella nunca leyó más que la primera línea: “Es mejor que no leas esto”. Así que no lo hizo. “Casi lloro”, dijo.

Vargas había tratado de que la propuesta fuera aprobada. La recortó drásticamente, con la esperanza de que con los gastos reducidos al menos se aprobara el programa de análisis. Trató de convertirla en una ley de dos años, con la idea de que se hiciera una nueva votación al año siguiente cuando el panorama fiscal estatal estuviera mejor.

Ninguna táctica funcionó.

La propuesta falleció.

Se le eliminó parte de su contenido y se convirtió en una propuesta para financiar tres proyectos de obras públicas en el centro de San Diego, incluyendo una remodelación del edificio de la sede del gobierno estatal.

El costo de los proyectos de obras públicas fue de 472 millones de dólares de fondos estatales.

Al final, la AB256 no hizo mención de dulces, o plomo o peligro. La destruida propuesta pasó. Y la única razón por la que pasó, dijo Alpert, es que el estado no tuvo que gastar más dinero para su aprobación. Los bonos para pagar la propuesta fueron vendidos hace más de una década.

Ayala no culpó a los legisladores, a los grupos de presión o a la FDA. “El Departamento de Servicios de Salubridad, esos son los malos”, dijo Ayala.

El estado se visualiza de distinta manera.

“California ha sido pionero en elevar la atención sobre diversas fuentes, incluyendo los dulces”, dijo la Dra. Valerie Charlton, jefa de la unidad de prevención del envenenamiento por plomo. “Nos vemos como los que hemos abierto toda esta discusión y todo este asunto. Informamos a nuestros programas locales. Hablamos sobre ello en artículos. Lo usamos en nuestros materiales educativos”.

Sin embargo, el departamento de salubridad se encuentra en tal situación de reducción de costos, que ha solicitado que tres propuestas de ley que fueron aprobadas el año pasado ahora sean revocadas porque son muy costosas. Las propuestas tendrían un efecto en el Medi-Cal para las tribus indígenas de los Estados Unidos, en las investigaciones de células madres y en las regulaciones para los bancos de tejidos.

¿LES IMPORTA?’
Ayala dijo que el estado se muestra indiferente sobre su comunidad latina. “¿Les importa? ... Sé cuál será la respuesta”, dijo Ayala.

Vargas llevó el asunto más lejos, imaginando qué pasaría si existiera una amenaza a la comunidad más acaudalada.

“Una de las cosas que sí es cierto y triste es que las comunidades pobres ... sus problemas son raramente escuchados”, dijo Vargas. “Y si se les escucha, sus problemas se relegan. ¿Qué tal si descubriéramos que existe un tipo particular de perfume increíblemente caro que se estuviera usando en Beverly Hills? Y que si se usara todos los días durante un mes su salud podría estar en grave peligro. Una propuesta de ley sobre ese perfume navegaría tan rápidamente a través de la asamblea y el senado hasta llegar al gobernador. Habría una conferencia de prensa en Beverly Hills en menos de una semana. Sería una medida de emergencia.

“Esa sólo es la verdad del asunto, y es triste”.

A pocas millas del Capitolio estatal en Sacramento, María Pérez vive con su hijo de cuatro años, Jesús, cuyo envenenamiento por plomo fue asociado a los dulces mexicanos.

El manejo legislativo de este asunto se ha vuelto muy frustrante para ella.

“A ellos no les importan los latinos. Por eso no han hecho nada”, dijo Pérez. “¿Cuántos niños más van a resultar envenenados antes que ellos traten este asunto?”

Funcionarios estatales dijeron que lejos de ignorar a los latinos, el programa de plomo ha enfocado la mayoría de sus recursos en mantener a los niños latinos alejados del plomo. Funcionarios estatales dijeron que cerca del 75 por ciento de todas las víctimas envenenadas por plomo son latinos y la mayoría de esas víctimas viven en casas antiguas donde la pintura a base de plomo es más usada. La Unidad de Prevención del Envenenamiento por Plomo en la Niñez del estado le dedica la mayor parte de su tiempo a esos casos.

“Esa teoría es tan contraria a todos los esfuerzos que realizamos, que me sorprende”, dijo Charlton, directora del programa de envenenamiento por plomo. “Todo lo que hacemos en el programa tiene que ver con cosas que conciernen a la exposición de los niños al plomo y de los niños latinos en particular. Yo le preguntaría a las personas que pudieran decir que no se está lidiando con los dulces porque es un problema de los latinos, ¿Cuáles de las cosas con las que lidiamos dirían que no conciernen a los latinos?”

El programa tiene un presupuesto de 20 millones de dólares, la mayoría del cual se da a los condados para que ellos puedan, entre otras cosas, analizar a los niños para detectar plomo, evaluar las casas para determinar si están contaminadas con plomo y educar a los padres y a los niños sobre los peligros del plomo. Debido a que la unidad quiere asegurar que los niños sean analizados pese a su estatus migratorio, tiene un pequeño programa alterno que financia análisis de niños de familias de bajos recursos que no están cubiertos por el sistema Medi-Cal.

El estado también certifica a laboratorios para que efectúen análisis de plomo para aumentar la cantidad de lugares donde se pueden realizar los análisis, particularmente en áreas rurales y urbanas de bajos ingresos.
“Y sabemos que la mayoría de los casos que recibimos son de hispanos”, dijo Charlton. “Todos nuestros materiales son bilingües. Hemos estado trabajando con dos grupos latinos que han sido muy activos en esta área a medida que desarrollamos nuestro plan estratégico”.

Dinero, no racismo, es la única razón para su inacción, dijo el estado.

“Debido a la situación financiera tan crítica, el personal del departamento no gastó mucho tiempo en la legislación propuesta porque no hay fondos para ponerla en funcionamiento”, dijo la vocera Lea Brooks.

No crea que Ayala dejó que todo terminara allí.

Ella persuadió a Vargas para que introdujera otra propuesta de ley a finales de este año. Vargas y Ayala están trabajando en el lenguaje a usarse.

Aún así Vargas no vé mucho apoyo a la propuesta.

“Todo mundo me dice que va a ser muy difícil porque no tenemos apoyo”, dijo Vargas. “Eso lo hace difícil”. Él llamó a la pelea por la AB256 “un buen punto de partida. No es el punto final”.

Ayala y sus promotoras están aún más determinadas a ganar esta vez.

Aunque tengan que desnudarse.

 




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