La Frontera Porosa
Los funcionarios no se pueden poner de acuerdo
sobre qué reglamentos seguir para detener el flujo de dulces
contaminados a los Estados Unidos.
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| (Fotos por ANA VENEGAS) |
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Por WILLIAM HEISEL Y
JENIFER B. McKIM
The Orange County Register
Tijuana, México
Este lugar es un paraíso para los niños.
La Tapatía Mega Dulces, en el distrito
de fábricas, está repleta de piso a techo de todo
tipo imaginable de dulces mexicanos: chocolates, paletas, jaleas,
dulces chiclosos, dulces con líquido en el centro.
Un programa de televisión semanal patrocinado
por la tienda presenta a un hombre vestido de ratón y sus
aventuras en la ciudad. Los anuncios dejan que la audiencia del
norte de México visite la tienda: hay niños inquietos
y con los ojos muy abiertos, admirando los enormes montones de dulces.
Vehículos con placas de Estados Unidos
llenan el estacionamiento. Grandes camiones de carga se abarrotan
de dulces para su venta en California. Los padres de familia llenan
sus cajuelas con bolsas para fiestas de cumpleaños y bodas
en San Diego, Los Angeles, y el Condado de Orange.
Manuel Ramírez, gerente, sabe que algunas
marcas de dulce en su tienda han sido analizadas y resultado con
altos contenidos de plomo en laboratorios reguladores de los Estados
Unidos. Él sabe que han sido detenidos en la frontera y los
han regresado. Pero, así como el sabe que su negocio no existiría
sin los niños, así como él es un padre con
niños chiquitos, él también es un hombre de
negocios.
Documentos del Departamento de Servicios de
Salubridad de California indican que más de 80 distintos
tipos dedulces mexicanos han resultado con altos niveles de plomo
durante análisis en los últimos 10 años. Cuando
se le dice esto, Ramírez se encoge de hombros.
¿Cómo se supone que yo
voy a vigilar la distribución internacional de dulces desde
mi única tienda aquí en Tijuana? pregunta. Hago
lo que puedo, pero yo sólo puedo proceder si hay pruebas
concretas.
Oficiales del gobierno mexicano tampoco pueden hacer mucho acerca
de este problema. No tienen el dinero suficiente para otorgar licencias
correctamente a los fabricantes de dulces, mucho menos para inspeccionar
sus fábricas.
En la frontera, agentes federales no tienen
el número de empleados adecuado para inspeccionar sino una
fracción de los camiones que cargan dulces de fábricas
y de tiendas como la Tapatía.
Y, en los Estados Unidos, los dueños
de tiendas y empleados de salubridad a nivel del condado dicen que
no pueden actuar basados en pruebas que no han sido compartidas
con ellos.
En una investigación de dos años,
el Orange County Register encontró que los funcionarios encargados
de regular no pueden ponerse de acuerdo en cuanto a las reglas se
deben seguir, sobre quién debería hacerlas cumplir
y si deberían de compartir sus descubrimientos sobre los
dulces o no con la gente en la mejor posición para mantener
alejados a los dulces contaminados de los niños. Mientras
tanto, los dulces que contienen el suficiente plomo para violar
hasta los límites de seguridad más liberales continúan
vendiéndose en California.
Oficiales estatales y federales aceptan que
sus esfuerzos necesitan mejorar.
Las reglas siempre parecen quedarse atrás
de la ciencia, dijo Alonza Cruse, directora en Irvine de la
región suroeste de la Administración de Fármacos
y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés).
Pero ellos hacen hincapié en que están
trabajando en terreno desconocido. Les ha tomado más de 40
años a las agencias gubernamentales encontrar maneras eficaces
de luchar contra el plomo en la pintura y la gasolina, y esas batallas
todavía no se han ganado. Investigaciones sobre la extendida
presencia del plomo en los dulces no solamente es relativamente
nueva sino que tiene una barrera considerable que vencer: el problema
no empieza en suelo estadounidense. Empieza donde las leyes y reglamentos
de los Estados Unidos no tienen autoridad. Empieza en México.
FALTAN
RECURSOS
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| DALE,
DALE, DALE: Un niño le pega a una piñata
llena de golosinas, que incluyen dulces mexicanos, en una
fiesta de cumpleaños en el parque Mile Square. |
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Estas calles en Morelia parecen una boca llena
de caries de tantos hoyos que tienen. La primavera pasada, dos agentes
de salubridad manejaban en estas calles en una camionetita roja;
iban frenando al llegar a los baches, apenas cabían por los
estrechos caminos y preguntaban a los taxistas y a los empleados
de tiendas cómo llegar a una cierta compañía
de dulces autorizada para operar por el estado de Michoacán.
El Departamento de Salud Ambiental de Michoacán
tiene registrados a cerca de 32,000 negocios. El personal intenta
inspeccionar a los que producen alimentos para asegurarse de que
no haya peligros obvios a la salud, pero encontrar esos negocios
puede ser difícil.
No podemos verificar todas las compañías
que existen, dijo Gerardo Mendoza Ramírez, jefe del
citado departamento de salud.
Esta búsqueda en particular terminó
en las puertas pintadas de colores brillantes de una pequeña
fábrica, Fábrica de Dulces Cisne.
Los productos salados de tamarindo y chile
de la compañía abundan en las tiendas del Condado
de Orange, aunque los fabricantes dicen que no los exportan. El
departamento de salubridad de California analizó cinco muestras
de la marca Cisne entre el 2001 y el 2002, y todos los análisis
resultaron negativos. Algunos dulces de tamarindo y chile parecidos
han resultado con niveles de plomo hasta cuatro veces más
altos que el límite establecido por el estado de California.
No obstante, el día que los agentes
de salubridad de Michoacán vinieron a tocar las puertas de
Cisne, ni siquiera tuvieron la oportunidad de verificar si había
problemas. Un empleado, tras puerta cerrada, amablemente le informó
a los agentes de salubridad que ya no había nadie trabajando.
No había nadie quien les pudiera responder a sus preguntas.
Ellos ya no podían regresar el siguiente
día. Tenían otras cosas que hacer.
Este tipo de esituación no era nuevo
para los agentes de salubridad mexicanos, quienes abiertamente aceptaron
su incapacidad para seguir la pista y regular eficazmente a la industria
del dulce.
No tenemos mucha gente. Puede llevar
hasta un año para ir a visitar una fábrica registrada,
dijo Mendoza.
El personal no es el único recurso que hace falta. Para vigilar
e inspeccionar esas 32,000 compañías, los 10 empleados
de la oficina central del departamento comparten un sólo
teléfono y dos computadoras que seguido se descomponen. La
oficina tiene una máquina de fax que requiere de la firma
del director para usarla.
Las compañías supuestamente deben
avisarle al estado por escrito dónde operan y que producen.
Pero casi no hay seguimiento. Virgilio Pérez Negrón
Medrano, uno de los agentes que trataba de contactar a Cisne, dijo
que es difícil hasta confirmar las direcciones. Imagínense
cómo es cuando las compañías nos dan direcciones
falsas, dijo.
El gobierno michoacano no está seguro
de cuántas compañías existen. El estado ha
registrado menos de 10 compañías en la capital, pero
los fabricantes de dulces, muchos de los cuales han estado en ese
negocio por generaciones, dicen que debe de haber al menos el triple
de eso.
Son difíciles de encontrar porque muchas
de ellas son muy pequeñas. A diferencia de las sofisticadas
compañías de dulces en los Estados Unidos que operan
en enormes recintos industriales y mandan cargamentos en camiones
todo el día, muchos fabricantes preparan los dulces en su
propia casa, y los reparten por correo, que usualmente significa
un viaje de varias millas para llegar a la oficina postal.
Aún si las compañías se
localizan y se toman muestras de dulces, México no hace cumplir
a las empresas con la responsabilidad de fabricar productos sin
exceso de plomo.
El funcionario de salubridad principal de México
le dijo a reporteros hace dos semanas que las preocupaciones acerca
de los dulces mexicanos eran exageradas. Hizo esos comentarios después
de que la FDA emitió una alerta que advertía sobre
los dulce mexicanos.
Tendría que comerse en dósis
enormes para que una intoxicación grave ocurriera,
dijo Julio Frenk, Secretario de Salubridad de Mexico, en un reporte
de la Prensa Asociada.
José Luis Flores, director de vigilancia
de la Secretaría de Salud de México, dijo que el gobierno
tiene normas para este tipo de situación, pero le cuesta
trabajo ponerlas en práctica.
Flores señaló que después
del envenenamiento de un niño de Costa Mesa en el 2001 que
fue relacionado con dulces, el gobierno mexicano analizó
dulces en todo el país y encontró que había
un problema con el plomo en las envolturas. Pero el analizar dulces
en México no es algo rutinario, y las agencias de salubridad
no le siguen la pista a los niños que pueden haber sido envenenados
por dulces contaminados.
Flores dijo que él piensa que las compañías
están mejorando sus estándares aún sin la vigilancia
estricta del gobierno.
Pienso que la calidad de los dulces mexicanos
ha mejorado mucho, indicó. El dulce es consumido
principalmente por mexicanos, y es muy importante para nosotros
que los dulces mexicanos no contengan plomo.
Jorge Vázquez Narvaez coordina los esfuerzos
del Departamento de Salubridad de Michoacán dentro de los
límites de la municipalidad que opera desde una oficina satélite
a unas cuantas cuadras de la oficina principal del estado. El año
pasado, él dijo que ninguna compañía tiene
permiso para exportar fuera del estado. Para hacerlo, tienen que
llenar los documentos debidos y pasar una inspección.
La cantidad de dulces mexicanos que llega a
los estantes de las tiendas del Condado de Orange no está
bajo su control, dijo Vazquez Narvaez.
Se va como contrabando, agregó,
sonriendo. ¿Cuántos mexicanos hay allá?
Es clandestino.
UNA
PASADA FÁCIL
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| Van
pasando: Se pueden ver los autos detrás de
Ricardo Calderón (derecha) quien vende dulces mexicanos
a unos cuantos metros de la línea fronteriza de San
Isidro con los Estados Unidos. Algunos de los dulces que se
venden aquí incluyen marcas que han resultado con altos
niveles de plomo durante análisis. |
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El almacén de dulces donde trabaja Manuel
Ramírez está en Tijuana, a 15 minutos en auto de la
frontera.
Ramírez sabe que muchos de sus productos,
incluyendo algunas paletas con sabor a tamarindo cubiertas de chile
y ollitas de barro llenas de tamarindo, no deben de venderse al
otro lado de la frontera debido a las preocupaciones de oficiales
del gobierno estadounidense respecto al plomo y la suciedad. Él
le dice a sus clientes que si planean comprar un gran cargamento,
pudieran tener problemas al cruzar la frontera. Los oficiales que
trabajan ahí aceptan que sólo detectan un pequeño
porcentaje de cargamentos que pasan, pero cualquier carga que sea
grande llama la atención.
Los clientes usualmente pueden evadir la inspección
completamente si guardan unas cuantas cajas de dulces en sus cajuelas
y cruzan la frontera por el punto de revisión que los turistas,
no los importadores, usan. Si no planean vender los dulces, probablemente
no tendrán ningún problema, pero algunos pequeños
comerciantes de dulces si toman el riesgo, pensando que no los descubrirán.
Ramírez estima que aproximadamente el
20 por ciento de sus ventas van destinadas directamente para la
exportación a los Estados Unidos. De todas formas, mientras
él venda dentro de México y no mande productos directamente
a los Estados Unidos, el está obrando legalmente.
Actuamos de una manera legal, dice,
mientras camina entre los altos estantes llenos de más de
1,000 tipos de dulces. No tratamos de esconder nada. Pero
no podemos impedir que la gente compre nuestro producto.
Rose Lucero-Stirk es una de esas clientes.
La residente de Orange de 27 años, que
iba acompañada de su madre y su hijo Dylan, llenó
su Ford Expedition con dulces el noviembre pasado.
Ella sacó una bolsa grande de Pelon
Pelo Ricos, un dulce picosito y pegajoso. Dylan ya había
hecho un hoyo en la bolsa y regado uno de los dulces por todos lados.
Él no debe comerlos todos los
días, dice Lucero Stirk. Pero éste es
su favorito.
Lucero-Stirk, como muchos de los clientes de
Ramírez, compra dulces en México por una razón:
es más barato. Puede comprar 36 Pelon Pelo Ricos por menos
de 3 dólares en La Tapatía. En la tienda Food 4 Less
cerca de sus casa, tres dólares le compraría seis
dulces.
En repetidas ocasiones, Pelon Pelo Rico resultó
con niveles altos de plomo en análisis realizados por el
estado de California, pero Lucero-Stirk, como la mayoría
de otros padres de familia, no tenía manera de saberlo. El
estado no ha revelado todos los resultados de los análisis
que ha realizado.
Su dulce favorito, Betamex Dulce de Tamarindo,
bolitas de tamarindo cubiertas de chile, ha resultado con altos
niveles de plomo. El estado no ha revelado esos análisis
tampoco.
La única cosa que he oído
es lo de las jaleas que vienen en esas ollitas, dijo Lucero-Stirk.
Cuando era chica me las comía como si se fueran a acabar,
pero ya no dejaré que Dylan las coma ahora.
Después de enterarse del posible contenido
de plomo en algunos de los dulces que ella y Dylan han comido, Lucero-Stirk
dijo que planea llevar a su hijo para que le hagan un análisis
para determinar si tiene plomo en la sangre. Los maestros del niño
han notado que él ha desarrollado un defecto del habla, y
ella está preocupada que pueda haber una conexión.
Ella también se hará análisis,
dijo. Para ella la situación puede que sea más urgente.
Ella es una madre substituta. Ella llevó un embarazo de gemelos
a término para una pareja de Los Angeles y actualmente está
embarazada por segunda vez, después de que dejó de
comer el dulce. Dulces que fueron tomados de su casa y analizados
por el Register no registraron plomo.
¿Cómo puede el estado saber
acerca de esto y no decirle a los padres de familia? dijo
Lucero-Stirk. Es terrible.
Muchos fabricantes de dulces mexicanos que
insisten no exportan, dicen estar sorprendidos de que tantos de
sus dulces están pasando a través de la frontera.
Vendemos en Tijuana. No los mandamos
directamente a los Estados Unidos, dijo Gerardo Barrón,
dueño de la pequeña empresa de dulces Dulmex Dulces
Mexicanos, con sede en Jalisco. Pero alguien los está
comprando y pasándolos. No sabemos quién es.
Dulmex se especializa en dulces de chile y
tamarindo, y casi tuvo que cerrar hace tres años debido a
que una de sus paletas, Bolirindo, fue el tema de una alerta de
salud pública en California. La noticia de que se había
encontrado plomo en Bolirindo fue mala. Pero lo que fue peor fue
el hecho de que el dulce se había encontrado en la casa de
un niño de Costa Mesa que padecía de envenenamiento
por plomo.
Barrón dice que ya se resolvió
el problema. Separó sus dulces de las envolturas llenas de
tinta con un celofán transparente con la etiqueta enrollada
encima, como un cigarro. En los datos de análisis de California,
no hay documentos que indiquen que algún producto de la compañía
haya resultado con altos niveles de plomo desde el 2001, pero la
alerta de salud permanece en el sitio web del Departamento de Servicios
de Salubridad de California, y en otros sitios de Internet en el
país.
Como otros fabricantes de dulces, Barrón
dice que él no sabe cómo sus dulces pasan la frontera.
Algunos le llaman contrabando hormiga, refiriéndose a los
varios viajes que poco a poco llevan dulces a través de la
frontera.
La primavera pasada, oficiales del Condado
de Contra Costa trataron de seguirle la pista a un distribuidor
que vendía medicinas de mercado negro y dulces mexicanos
a tiendas desde su carro. El condado cerró una tienda local
por vender medicinas que sólo deberían venderse con
receta médica ilegalmente, pero no se pudo encontrar al distribuidor.
Los dueños de las tiendas nos
mostraron una factura de medicinas y dulces, dijo José
Doser, especialista en salud ambiental del departamento de Salud
Ambiental de Contra Costa. No nombre, no dirección.
Era un pirata, yendo de tienda en tienda.
NO
SE LE DA PRIORIDAD AL DULCE
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| Viaje
por golosinas: Rose Lucero-Stirk y su hijo Dylan,
residentes de Orange, adquirieron dulces en La Tapatía
en Tijuana. Lucero-Stirk se surte de dulces mexicanos durante
sus visitas a San Diego. |
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En el punto de revisión para turistas
y peatones en Tijuana, la Aduana de los Estados Unidos, no la Administración
de Fármacos y Alimentos, manda.
Agentes aduanales permiten que la gente que
ingresa a los Estados Unidos traiga hasta 2,500 dólares en
mercancía al país si es para uso personal. Pero los
agentes pueden interrogar y mandar a pasar por el retén fronterizo
comercial a la gente que traiga paquetes de menos valor si sospechan
que la gente tiene la intención de vender los productos,
según Vincent Bond, oficial de prensa para el Departamento
de Aduanas y Protección de la Frontera de los Estados Unidos.
Oficiales federales, sin embargo, no pueden
revisar cada carro, tampoco están enfocados en la importación
de dulces ilícitos, dijo Bond.
Ahora que la agencia de aduanas y la FDA forman
parte de los esfuerzos del Departamento de Seguridad Interna (DHS,
por sus siglas en inglés), el dulce es insignificante comparado
con al-Qaida.
Nuestro principal enfoque es el antiterrorismo
y los terroristas. Estamos verdaderamente enfocados en eso, en hacer
que la nación esté segura, dijo Bond. El
tráfico se tarda horas. Se tiene que utilizar una estrategia
para administrar el riesgo ... y permitir que pase el tráfico
que parece ser legal y que respeta las leyes para así poder
concentrarse en vehículos que necesitan una inspección
más meticulosa.
Ocho millas de ahí, en el retén
fronterizo comercial de Otay Mesa, oficiales federales, aunque mucho
mejor equipados que sus colegas mexicanos, todavía tienen
desventajas.
Vincent Iacono, funcionario del servicio que
se asegura que se sigan los reglamentos de la FDA, observa conforme
se forman las filas de camiones en el polvoroso camino que llega
a la frontera, un congestionamiento transicional de autos que dura
todo el día.
Por lo regular, de 3,000 a 4,000 camiones pasan
cada día por Otay Mesa. Es el retén comercial más
grande en la frontera México-EU, y segundo sólo a
Laredo, Texas en volumen de camiones que pasan por la frontera.
Eso quiere decir que en un turno de trabajo normal, con un personal
de 20 empleados, hay un máximo de cuatro minutos para inspeccionar
cada camión.
No resulta sorprendente que en promedio, los
trabajadores de la FDA revisan aproximadamente el 2 por ciento de
toda la mercancía que pasa por los retenes fronterizos, según
oficiales de la FDA.
Hace como tres años, debido al creciente
interés sobre el plomo, la FDA emprendió un plan para
aumentar los muestreos de dulces mexicanos.
Sonaba bien en teoría, dijo Iacono,
pero el personal de la frontera no tiene el equipo para analizar
los dulces ahí mismo. Las muestras deben mandarse a Kansas
City o San Francisco, y el personal de Iacono puede no obtener los
resultados sino semanas después. La agencia no especificó
el plazo que toma recibir los resultados.
Mientras las muestras se analizan, se le permite
a los camiones seguir su camino bajo la condición de que
no distribuyan la mercancía hasta que las muestras sean dadas
de alta por la FDA. La agencia no siempre revisa los cargamentos
después para asegurarse de que no fueron repartidos y vendidos.
La FDA detuvo un cargamenteo de dulces Chaca
Chaca en el 2002 por ser venenosos, pero anuló
la orden después de que análisis con resultados que
tuvieran altos niveles de plomo no pudieron duplicarse, dijo Iacono.
Otros dulces, también, se permite que se vendan porque la
FDA no puede encontrar altos niveles de plomo constantes en ellos.
Los oficiales de la FDA dicen que uno o dos
pruebas para determinar el contenido de plomo no son lo suficiente
para dar lugar a medidas federales. Pero los expedientes de análisis
de la FDA exponen un problema más profundo. Cuando los oficiales
de alto rango dicen que el dulce no es una de las principales prioridades,
tienen razón. La agencia casi nunca realiza análisis
que determinan contenido de plomo.
La agencia negó repetidas veces peticiones
de proveer copias completas de sus expedientes de análisis,
pero un reporte indica que entre octubre del 2000 y noviembre del
2002, hubieron 66 pruebas federales para determinar el contenido
de plomo en dulces, un promedio de un poco más de dos pruebas
por mes.
En siete diferentes casos, la agencia encontró
que el comer menos de dos dulces sería suficiente para que
un niño excediera el índice de tolerancia al plomo
establecido por el FDA. Aún así, no se tomaron medidas.
Un total de 31 dulces más fueron analizados solamente una
vez sin que se les hicieran pruebas adicionales de seguimiento.
Como la mayoría de los resultados de las pruebas de la FDA,
éstos no fueron compartidos con el estado. La FDA no tiene
un mecanismo para distribuir regularmente los resultados de sus
análisis a las agencias de los estados y los condados.
Cuando la FDA incluyó a la compañía
Candy Pop en la lista de productos que deben ser detenidos en la
frontera en su alerta de importación en agosto del 2003,
sus agentes en la frontera sabían que tenían que empezar
a buscar los dulces producidos por la compañía inmediatamente.
Pero los inspectores de salubridad de los condados no estarían
pendientes de ellos en las tiendas o en las casas de niños
con envenenamiento por plomo porque la FDA no le mandó esas
alertas a oficiales de salubridad. The Register encontró
el dulce que dió lugar a la alerta de importación
en el x Condado de Orange tan recientemente como febrero. Análisis
del dulce realizados por The Register indicaron altos niveles de
plomo.
EL
DILEMA DE LOS FUNCIONARIOS
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| Isla
de dulces: Guadalupe Marquez González repone
el surtido de dulces mexicanos en La Tapatía en Tijuana.
La Tapatía es la tienda y almacén más
grande de dulces en Tijuana. |
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Expertos de salud dicen que los estándares
en sí no son parte del problema.
El plomo es uno de los tóxicos mejor
entendidos, mejor estudiados y mejor monitoreados. Su uso fue prohibido
en la pintura para casas en 1978. Al verse frente a una cantidad
considerable de datos sobre la conexión del plomo a problemas
de salud, la industria alimenticia de los Estados Unidos dejó
por su propia voluntad de usar soldaduras de plomo para la comida
enlatada en 1991. Una base activa de oficiales privados, gubernamentales
y comunitarios trabajan para detectar plomo en el aire, en el agua,
en la pintura y en la comida. Pero los estándares de cuánto
plomo se considera dañino todavía no reflejan todos
los hallazgos científicos, dicen los expertos.
Toda la evidencia nueva indica que la
exposición a niveles bajos de plomo, por muy mínima
que sea, afecta el coeficiente intelectual y ocasiona problemas
de aprendizaje y de comportamiento, dijo David Rosner, un
investigador de la Universidad Columbia quien ha escrito ampliamente
sobre el plomo en los productos para el consumidor. La pregunta
no es que nivel de plomo debe de ser permitido en los alimentos.
La pregunta necesita ser: ¿podemos permitir que algún
producto alimenticio se venda si muestra siquiera indicios de plomo?
El dulce fue uno de los primeros alimentos
en llamar la atención de los investigadores hacia el plomo
- hace más de un siglo. En Europa y Australia, el dulce se
vendía en papel brillante hecho con plomo. Y en algunos casos
los mismos dulces se teñían con tintas con plomo.
Conforme la tecnología hizo la detección del plomo
más fácil, las reglas se hicieron más estrictas.
El límite actualmente permitido por
el gobierno federal para el dulce es de 0.5 partes por millón
(ppm) de plomo. Éste límite es derivado del nivel
antes permitido en el azúcar. La cantidad de plomo permitido
en el azúcar fue reducida a 0.1 ppm en el año 2000
por otra agencia federal, el Instituto de Medicina, pero el límite
en el dulce no ha cambiado.
¿Por qué no? El tamaño
de la FDA y un sinnúmero de reglas que debe seguir para formular
procedimientos y reglamentos no dejan que actúe con rapidez.
Promulgó instrucciones a la industria
del dulce en 1995 y ahora se siente obligada a mantener esas instrucciones.
Estamos algo limitados por los reglamentos que hemos establecido
formalmente y por los escritos que se han emitido a la industria,
dijo Richard Jacobs, un especialista regional en elementos tóxicos
en la oficina de San Francisco de la FDA. Ese es el dilema.
El proceso de cambiar esos reglamentos probablemente
tomaría varios años y requiriría de múltiples
sesiones de deliberación y oportunidades para la industria
de hacer comentarios.
Tal vez se ha visto que algunos de estos
niños tienen niveles que clinicamente son considerados elevados,
pero frecuentemente uno no puede relacionar eso con los dulces.
Puede ser algo en el ambiente en que viven, dijo Terry Troxell,
directora del Servicio de Plantas y Alimentos Lácteos y Bebidas,
sección de la FDA. Éstos son el tipo de niveles
dudosos que vemos en el dulce. Uno se puede imaginar que si tomamos
medidas, el gobierno mexicano no diría que estamos siendo
muy estrictos.
El 25 de marzo, tres semanas depués
que Troxell habló con The Register, la agencia mandó
una carta a los fabricantes de dulces indicándoles que tenía
la intención de tomar medidas para reducir la exposición
de los niños al plomo en los dulces. La carta no especificaba
de qué manera lograría este objetivo, ni qué
tán pronto.
Investigadores y defensores de la salud pública dicen que
la evidencia es clara y debería de dar lugar a medidas con
prontitud.
Si el límite para el azúcar
es 0.1, entonces no hay ninguna razón para que no sea 0.1
para el dulce, dijo Gerald Markowitz, un profesor de historia
en la Universidad Columbia que trabaja conjuntamente con Rosner
en investigaciones sobre el plomo.
Los reglamentos que discrepan entre sí
no sólo se tratan del azúcar. La mayoría de
otros alimentos y algunos productos de cerámica tienen un
límite de 0.25 ppm, la mitad del límite establecido
por la FDA para los dulces. Las situación es tal que una
familia podría tener en su mesa un tazón de cerámica
lleno de dulces, y si ambos el tazón y los dulces tuvieran
un nivel de plomo de 0.4 ppm, el tazón estaría considerado
en violación de los reglamentos de la FDA. Los dulces que
los niños se comen se consideraría sin peligro.
Oficiales del departamento de salubridad de
California, desde 1998, le han pedido a la FDA hacer sus límites
más estrictos.
Yo tengo la opinión que deberíamos
de tratar de bajar los límites del Pb (plomo) en los dulces
a 0.1 ppm, dijo Alfredo Quattrone, ex toxicólogo del
estado, en un email a la FDA en 1998.
Por una parte, oficiales estatales se preocupan
que el límite federal de 0.5 ppm contradice otro reglamento
que establece el máximo nivel de tolerancia al plomo para
los niños: 6 microgramos.
¿De qué manera están en
desacuerdo esos dos reglamentos?
La FDA lo descubrió por si misma en
marzo cuando decidió incluir a Chaca Chaca, un dulce hecho
en Morelia, en su lista de productos de importación que deben
ser vigilados. Por más de un año, la FDA ignoró
resultados de análisis que mostraban que el dulce tenía
entre 0.2 ppm y 0.3 ppm de plomo. Ésto causó que el
departamento de salubridad de California le pidiera orientación
en cómo tratar sus propios resultados de análisis
del dulce y que The Register preguntara por qué no se había
hecho nada para lidiar con el problema de 17 análisis con
resultados altos en seis años.
Los análisis no fueron tan altos
como nuestro nivel para tomar medidas inmediatas para regular los
dulces, pero no habíamos considerado el peso, dijo
Joe Baca, director del servicio que se asegura que se sigan los
reglamentos del Centro para la Seguridad en los Alimentos y la Nutrición
Aplicada de la FDA.
Chaca Chaca pesa aproximadamente 40 gramos.
Cuando la FDA multiplicó las partes por millón obtenidas
en los análisis por el peso del dulce, descubrió que
los niños que comieran sólo uno de estos dulces estarían
consumiendo más de 10 microgramos de plomo. Pruebas del estado
mostraron que algunos Chaca Chacas contenían casi 30 microgramos
de plomo.
Es la matemática como ésta lo
que ha apremiado a la Unidad del estado para la Prevención
del Envenenamiento por Plomo en la Niñez a ser más
estricta cuando se trata de analizar los dulces. Usa un límite
más bajo de 0.2 ppm, porque sabe que dulces como Chaca Chaca
podrían resultar con ese nivel y contener más plomo
que el permitido por la FDA.
En documentos de análisis estatales
y federales obtenidos por The Register, más de 90 muestras
de dulces se encontraban en el área intermedia de 0.2 ppm
y 0.5 ppm.
La falta de uniformidad en los reglamentos
federales llega hasta el nivel estatal. Una sección del departamento
de salubridad de California usa 0.2 ppm como límite, mientras
que otra usa el límite de 6 microgramos por día.
PAQUETES
DE VENENO
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| Presentación:
Eunice Reyes acomoda dulces en La Tapatía. Los fabricantes
de dulces mexicanos mandan un representante al almacén
para acomodar el dulce y regalar muestras. |
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La probabilidad de que un solo dulce asesterá
un poderoso puñetazo de plomo es bastante alta. The Register
descubrió que en el 83 por ciento de los casos de las muestras
de dulces que han resultado con altos niveles de plomo de acuerdo
a documentos sobre análisis estatales y federales desde 1993,
tomaría sólo una pieza de dulce o menos para exceder
el límite federal de consumo.
No es sólo el contenido del dulce que
puede resultar problemático. Oficiales de la FDA y oficiales
de salubridad del estado tampoco pueden encontrar la manera de controlar
el contenido de plomo en las envolturas. El dulce al menos tiene
algunos límites de contenido de plomo establecidos. Las envolturas
no los tienen.
El departamento de salubridad de California
usa un nivel no oficial de 600 ppm, el mismo nivel que se considera
alto en la pintura, como límite en las envolturas de dulces.
Más de 130 envolturas y otros envases han resultado con altos
niveles de plomo en pruebas desde 1993, según documentos
estatales y federales. Esa cifra es cerca de un 23 por ciento de
todas las muestras analizadas.
Oficiales estatales y federales dicen que no
pueden perseguir un dulce basándose en análisis de
envolturas a menos que el dulce tenga altos niveles de plomo también.
The Register se dió cuenta que esto no siempre es verdad.
En el caso de un dulce filipino llamado Storck
Eucalyptus Menthol, el estado emitió una alerta después
de que solamente dos envolturas resultaron con niveles altos en
análisis.
El dulce no mostró señales de
plomo hasta que unos análisis de la FDA revelaron después
niveles de plomo de hasta 0.8 ppm, apremiando así a la agencia
federal a incluir al dulce en su corta lista de dulces que deben
ser detenidos en la frontera.
LA FDA dice que porque las envolturas no son
un alimento, ellas están bajo la jurisdicción de la
Comisión de Seguridad del Productos para el Consumidor. Después
de un año de preguntas de parte de The Register, las comisión
dijo el mes pasado que está investigando el asunto de las
envolturas.
En otros casos, el estado no le ha dado seguimiento
a los análisis de envolturas con altos resultados. La envoltura
de una paleta Pinta Rojo resultó con un nivel de plomo de
15,000 ppm en una prueba en mayo de 1995, uno de los resultados
más altos de cualquier prueba en las envolturas. Pero no
hay documentos que demuestren que se hayan realizado análisis
de los dulces posteriormente. Se continúa vendiendo en California.
Pasó lo mismo con más de una
docena de otros dulces. Envolturas con niveles altosque no se sometieron
a pruebas adicionales.
No hay duda de que el plomo es peligroso
para los niños, que hay plomo en papeles plateados y envolturas,
que el plomo penetra en el dulce y que los niños absorben
ese plomo, dijo Markowitz, de la Universidad Columbia. Simplemente
parece increíble que todavía estemos discutiendo si
el plomo debería ser permitido en las envolturas o no.
Para entender dónde el plomo en los
dulces queda en la lista de prioridades de la agencia, uno sólo
necesita ver la lista de la FDA de productos retirados del mercado
y sus alertas de seguridad. A diferencia de las alertas
de importación que se mandan exclusivamente a los agentes
de las fronteras, las alertas de seguridad son distribuidas a trabajadores
de seguridad en las oficinas de los condados y los estados en todo
el país. La FDA usualmente emite cientos de éstas
al año.
Del 2001 al 2003, la agencia publicó
una alerta de salud sobre un dulce contaminado.
Iacono dice que el aún manda reportes
de dulces con niveles de plomo más bajos que el límite
de 0.5 ppm a la sede de la FDA en Washington. Él espera que
el hacer esto ayude a formar un buen fundamento para justificar
un límite más bajo.
Iacono dijo que como parte del muestreo, la
agencia escoge dulces que nunca ha visto antes o que no sabe haya
tenido problemas. Detiene dulces de tamarindo para buscar un exceso
de plomo y partes de insectos.
El verano pasado en la frontera, Tammy Milks y Jeffrey Sloan, inspectores
de la FDA, abrieron cajas de dulces para tomar muestras para analizarlas
para determinar si contenían plomo.
Antes de decidir cuáles dulces tomar,
dijo Sloan, la agencia considera dos cosas: el tamaño del
cargamento y la cantidad de trabajo en el laboratorio federal.
Cuando un reportero indicó que uno de
los dulces no especificaba colorantes artificiales en
su etiqueta, como es requerido por ley, Sloan dijo que dejaría
al producto pasar porque sólo venían como 50 cajas.
No queremos abrumar a los laboratorios, dijo.
Cuando se le preguntó si el equipo estaría
revisando cajas de dulces si los reporteros no estuvieran ahí,
Sloan miró hacia arriba y dijo: Posiblement...probablemente.
OTROS
DULCES SON INVESTIGADOS
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| Última
oportunidad: Ollitas de barro rellenas de tamarindo
están disponibles en La Línea, el último
negocio antes de entrar a los Estados Unidos en la frontera
de San Isidro. |
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En mayo del 2002, la FDA sí tomó
medidas legales en contra de un dulce, pero no por el plomo.
Agentes de la FDA fueron a un almacén
en Irwindale en el Condado de Los Angeles y confiscaron todos los
dulces de gelatina fabricados por Sheng Hsiang Jen Foods en Taiwán.
¿La causa? Los dulces, que eran vendidos en vasitos pequeños,
no se disolvían lo suficientemente rápido en las bocas
de los niños, y causaron al menos tres muertes por asfixia
en todo el país. Después de unos artículos
publicados en el periódico The Sacramento Bee acerca del
dulce, la agencia lanzó una larga campaña para sacar
a estos dulces del mercado.
Rick Gómez, gerente de Gosa Toys en
Santa Ana, recuerda a los agentes que buscaban los dulces en su
almacén.
Estaban exaltados, dijo Gómez.
Tuve que deshacerme de todos (los dulces). Supongo que si
hay un problema, lo resuelven y hacen algo para corregirlo.
Gómez dijo que le era difícil
conciliar esa experiencia con lo que The Register le reveló:
que el estado y la FDA han compilado documentos sobre más
de 100 tipos de dulces que han tenido niveles altos de plomo y que
más de la mitad de esos dulces se vendían en su tienda.
El heredero del negocio de su familia de dulces estaba anonadado.
Aunque ellos tengan un dulce que haya
tenido un resultado alto una vez, deberían de decirle a la
gente como yo para que así podamos decidir si queremos sacar
algo de nuestras tiendas o no, dijo Gómez. ¿Cómo
pueden estar tan preocupados por la posibilidad de que los niños
se asfixien con un dulce y no importarles que los niños se
envenenen con todos estos otros dulces?.
Un grupo de activistas en San Diego se ha preguntado
lo mismo. El grupo trató de que la Legislatura tomara medidas,
pero dejó el capitolio estatal decepcionado.
Los reporteros Valeria Godines y Keith Sharon
de The Register y los estudiantes Kim Calvert y Zaynah Moussa de
la Universidad del Sur de California contribuyeron a este reportaje.
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