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ESPECIAL
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La Frontera Porosa

Los funcionarios no se pueden poner de acuerdo sobre qué reglamentos seguir para detener el flujo de dulces contaminados a los Estados Unidos.

(Fotos por ANA VENEGAS)
 


The Orange County Register

Tijuana, México

Este lugar es un paraíso para los niños.

La Tapatía Mega Dulces, en el distrito de fábricas, está repleta de piso a techo de todo tipo imaginable de dulces mexicanos: chocolates, paletas, jaleas, dulces chiclosos, dulces con líquido en el centro.

Un programa de televisión semanal patrocinado por la tienda presenta a un hombre vestido de ratón y sus aventuras en la ciudad. Los anuncios dejan que la audiencia del norte de México visite la tienda: hay niños inquietos y con los ojos muy abiertos, admirando los enormes montones de dulces.

Vehículos con placas de Estados Unidos llenan el estacionamiento. Grandes camiones de carga se abarrotan de dulces para su venta en California. Los padres de familia llenan sus cajuelas con bolsas para fiestas de cumpleaños y bodas en San Diego, Los Angeles, y el Condado de Orange.

Manuel Ramírez, gerente, sabe que algunas marcas de dulce en su tienda han sido analizadas y resultado con altos contenidos de plomo en laboratorios reguladores de los Estados Unidos. Él sabe que han sido detenidos en la frontera y los han regresado. Pero, así como el sabe que su negocio no existiría sin los niños, así como él es un padre con niños chiquitos, él también es un hombre de negocios.

Documentos del Departamento de Servicios de Salubridad de California indican que más de 80 distintos tipos dedulces mexicanos han resultado con altos niveles de plomo durante análisis en los últimos 10 años. Cuando se le dice esto, Ramírez se encoge de hombros.

“¿Cómo se supone que yo voy a vigilar la distribución internacional de dulces desde mi única tienda aquí en Tijuana?” pregunta. “Hago lo que puedo, pero yo sólo puedo proceder si hay pruebas concretas”.

Oficiales del gobierno mexicano tampoco pueden hacer mucho acerca de este problema. No tienen el dinero suficiente para otorgar licencias correctamente a los fabricantes de dulces, mucho menos para inspeccionar sus fábricas.

En la frontera, agentes federales no tienen el número de empleados adecuado para inspeccionar sino una fracción de los camiones que cargan dulces de fábricas y de tiendas como la Tapatía.

Y, en los Estados Unidos, los dueños de tiendas y empleados de salubridad a nivel del condado dicen que no pueden actuar basados en pruebas que no han sido compartidas con ellos.

En una investigación de dos años, el Orange County Register encontró que los funcionarios encargados de regular no pueden ponerse de acuerdo en cuanto a las reglas se deben seguir, sobre quién debería hacerlas cumplir y si deberían de compartir sus descubrimientos sobre los dulces o no con la gente en la mejor posición para mantener alejados a los dulces contaminados de los niños. Mientras tanto, los dulces que contienen el suficiente plomo para violar hasta los límites de seguridad más liberales continúan vendiéndose en California.

Oficiales estatales y federales aceptan que sus esfuerzos necesitan mejorar.

“Las reglas siempre parecen quedarse atrás de la ciencia”, dijo Alonza Cruse, directora en Irvine de la región suroeste de la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés).

Pero ellos hacen hincapié en que están trabajando en terreno desconocido. Les ha tomado más de 40 años a las agencias gubernamentales encontrar maneras eficaces de luchar contra el plomo en la pintura y la gasolina, y esas batallas todavía no se han ganado. Investigaciones sobre la extendida presencia del plomo en los dulces no solamente es relativamente nueva sino que tiene una barrera considerable que vencer: el problema no empieza en suelo estadounidense. Empieza donde las leyes y reglamentos de los Estados Unidos no tienen autoridad. Empieza en México.

FALTAN RECURSOS

 
DALE, DALE, DALE: Un niño le pega a una piñata llena de golosinas, que incluyen dulces mexicanos, en una fiesta de cumpleaños en el parque Mile Square.

Estas calles en Morelia parecen una boca llena de caries de tantos hoyos que tienen. La primavera pasada, dos agentes de salubridad manejaban en estas calles en una camionetita roja; iban frenando al llegar a los baches, apenas cabían por los estrechos caminos y preguntaban a los taxistas y a los empleados de tiendas cómo llegar a una cierta compañía de dulces autorizada para operar por el estado de Michoacán.

El Departamento de Salud Ambiental de Michoacán tiene registrados a cerca de 32,000 negocios. El personal intenta inspeccionar a los que producen alimentos para asegurarse de que no haya peligros obvios a la salud, pero encontrar esos negocios puede ser difícil.

“No podemos verificar todas las compañías que existen”, dijo Gerardo Mendoza Ramírez, jefe del citado departamento de salud.

Esta búsqueda en particular terminó en las puertas pintadas de colores brillantes de una pequeña fábrica, Fábrica de Dulces Cisne.

Los productos salados de tamarindo y chile de la compañía abundan en las tiendas del Condado de Orange, aunque los fabricantes dicen que no los exportan. El departamento de salubridad de California analizó cinco muestras de la marca Cisne entre el 2001 y el 2002, y todos los análisis resultaron negativos. Algunos dulces de tamarindo y chile parecidos han resultado con niveles de plomo hasta cuatro veces más altos que el límite establecido por el estado de California.

No obstante, el día que los agentes de salubridad de Michoacán vinieron a tocar las puertas de Cisne, ni siquiera tuvieron la oportunidad de verificar si había problemas. Un empleado, tras puerta cerrada, amablemente le informó a los agentes de salubridad que ya no había nadie trabajando. No había nadie quien les pudiera responder a sus preguntas.

Ellos ya no podían regresar el siguiente día. Tenían otras cosas que hacer.

Este tipo de esituación no era nuevo para los agentes de salubridad mexicanos, quienes abiertamente aceptaron su incapacidad para seguir la pista y regular eficazmente a la industria del dulce.

“No tenemos mucha gente. Puede llevar hasta un año para ir a visitar una fábrica registrada”, dijo Mendoza.

El personal no es el único recurso que hace falta. Para vigilar e inspeccionar esas 32,000 compañías, los 10 empleados de la oficina central del departamento comparten un sólo teléfono y dos computadoras que seguido se descomponen. La oficina tiene una máquina de fax que requiere de la firma del director para usarla.

Las compañías supuestamente deben avisarle al estado por escrito dónde operan y que producen. Pero casi no hay seguimiento. Virgilio Pérez Negrón Medrano, uno de los agentes que trataba de contactar a Cisne, dijo que es difícil hasta confirmar las direcciones. Imagínense cómo es cuando las compañías nos dan direcciones falsas, dijo.

El gobierno michoacano no está seguro de cuántas compañías existen. El estado ha registrado menos de 10 compañías en la capital, pero los fabricantes de dulces, muchos de los cuales han estado en ese negocio por generaciones, dicen que debe de haber al menos el triple de eso.

Son difíciles de encontrar porque muchas de ellas son muy pequeñas. A diferencia de las sofisticadas compañías de dulces en los Estados Unidos que operan en enormes recintos industriales y mandan cargamentos en camiones todo el día, muchos fabricantes preparan los dulces en su propia casa, y los reparten por correo, que usualmente significa un viaje de varias millas para llegar a la oficina postal.

Aún si las compañías se localizan y se toman muestras de dulces, México no hace cumplir a las empresas con la responsabilidad de fabricar productos sin exceso de plomo.

El funcionario de salubridad principal de México le dijo a reporteros hace dos semanas que las preocupaciones acerca de los dulces mexicanos eran exageradas. Hizo esos comentarios después de que la FDA emitió una alerta que advertía sobre los dulce mexicanos.

“Tendría que comerse en dósis enormes para que una intoxicación grave ocurriera”, dijo Julio Frenk, Secretario de Salubridad de Mexico, en un reporte de la Prensa Asociada.

José Luis Flores, director de vigilancia de la Secretaría de Salud de México, dijo que el gobierno tiene normas para este tipo de situación, pero le cuesta trabajo ponerlas en práctica.

Flores señaló que después del envenenamiento de un niño de Costa Mesa en el 2001 que fue relacionado con dulces, el gobierno mexicano analizó dulces en todo el país y encontró que había un problema con el plomo en las envolturas. Pero el analizar dulces en México no es algo rutinario, y las agencias de salubridad no le siguen la pista a los niños que pueden haber sido envenenados por dulces contaminados.

Flores dijo que él piensa que las compañías están mejorando sus estándares aún sin la vigilancia estricta del gobierno.

“Pienso que la calidad de los dulces mexicanos ha mejorado mucho”, indicó. “El dulce es consumido principalmente por mexicanos, y es muy importante para nosotros que los dulces mexicanos no contengan plomo”.

Jorge Vázquez Narvaez coordina los esfuerzos del Departamento de Salubridad de Michoacán dentro de los límites de la municipalidad que opera desde una oficina satélite a unas cuantas cuadras de la oficina principal del estado. El año pasado, él dijo que ninguna compañía tiene permiso para exportar fuera del estado. Para hacerlo, tienen que llenar los documentos debidos y pasar una inspección.

La cantidad de dulces mexicanos que llega a los estantes de las tiendas del Condado de Orange no está bajo su control, dijo Vazquez Narvaez.

“Se va como contrabando”, agregó, sonriendo. “¿Cuántos mexicanos hay allá? Es clandestino”.

UNA PASADA FÁCIL

 
Van pasando: Se pueden ver los autos detrás de Ricardo Calderón (derecha) quien vende dulces mexicanos a unos cuantos metros de la línea fronteriza de San Isidro con los Estados Unidos. Algunos de los dulces que se venden aquí incluyen marcas que han resultado con altos niveles de plomo durante análisis.

El almacén de dulces donde trabaja Manuel Ramírez está en Tijuana, a 15 minutos en auto de la frontera.

Ramírez sabe que muchos de sus productos, incluyendo algunas paletas con sabor a tamarindo cubiertas de chile y ollitas de barro llenas de tamarindo, no deben de venderse al otro lado de la frontera debido a las preocupaciones de oficiales del gobierno estadounidense respecto al plomo y la suciedad. Él le dice a sus clientes que si planean comprar un gran cargamento, pudieran tener problemas al cruzar la frontera. Los oficiales que trabajan ahí aceptan que sólo detectan un pequeño porcentaje de cargamentos que pasan, pero cualquier carga que sea grande llama la atención.

Los clientes usualmente pueden evadir la inspección completamente si guardan unas cuantas cajas de dulces en sus cajuelas y cruzan la frontera por el punto de revisión que los turistas, no los importadores, usan. Si no planean vender los dulces, probablemente no tendrán ningún problema, pero algunos pequeños comerciantes de dulces si toman el riesgo, pensando que no los descubrirán.

Ramírez estima que aproximadamente el 20 por ciento de sus ventas van destinadas directamente para la exportación a los Estados Unidos. De todas formas, mientras él venda dentro de México y no mande productos directamente a los Estados Unidos, el está obrando legalmente.

“Actuamos de una manera legal”, dice, mientras camina entre los altos estantes llenos de más de 1,000 tipos de dulces. “No tratamos de esconder nada. Pero no podemos impedir que la gente compre nuestro producto”.
Rose Lucero-Stirk es una de esas clientes.

La residente de Orange de 27 años, que iba acompañada de su madre y su hijo Dylan, llenó su Ford Expedition con dulces el noviembre pasado.

Ella sacó una bolsa grande de Pelon Pelo Ricos, un dulce picosito y pegajoso. Dylan ya había hecho un hoyo en la bolsa y regado uno de los dulces por todos lados.

“Él no debe comerlos todos los días”, dice Lucero Stirk. “Pero éste es su favorito”.

Lucero-Stirk, como muchos de los clientes de Ramírez, compra dulces en México por una razón: es más barato. Puede comprar 36 Pelon Pelo Ricos por menos de 3 dólares en La Tapatía. En la tienda Food 4 Less cerca de sus casa, tres dólares le compraría seis dulces.

En repetidas ocasiones, Pelon Pelo Rico resultó con niveles altos de plomo en análisis realizados por el estado de California, pero Lucero-Stirk, como la mayoría de otros padres de familia, no tenía manera de saberlo. El estado no ha revelado todos los resultados de los análisis que ha realizado.

Su dulce favorito, Betamex Dulce de Tamarindo, bolitas de tamarindo cubiertas de chile, ha resultado con altos niveles de plomo. El estado no ha revelado esos análisis tampoco.

“La única cosa que he oído es lo de las jaleas que vienen en esas ollitas”, dijo Lucero-Stirk. “Cuando era chica me las comía como si se fueran a acabar, pero ya no dejaré que Dylan las coma ahora”.

Después de enterarse del posible contenido de plomo en algunos de los dulces que ella y Dylan han comido, Lucero-Stirk dijo que planea llevar a su hijo para que le hagan un análisis para determinar si tiene plomo en la sangre. Los maestros del niño han notado que él ha desarrollado un defecto del habla, y ella está preocupada que pueda haber una conexión.

Ella también se hará análisis, dijo. Para ella la situación puede que sea más urgente. Ella es una madre substituta. Ella llevó un embarazo de gemelos a término para una pareja de Los Angeles y actualmente está embarazada por segunda vez, después de que dejó de comer el dulce. Dulces que fueron tomados de su casa y analizados por el Register no registraron plomo.

“¿Cómo puede el estado saber acerca de esto y no decirle a los padres de familia?” dijo Lucero-Stirk. “Es terrible”.

Muchos fabricantes de dulces mexicanos que insisten no exportan, dicen estar sorprendidos de que tantos de sus dulces están pasando a través de la frontera.

“Vendemos en Tijuana. No los mandamos directamente a los Estados Unidos”, dijo Gerardo Barrón, dueño de la pequeña empresa de dulces Dulmex Dulces Mexicanos, con sede en Jalisco. “Pero alguien los está comprando y pasándolos. No sabemos quién es”.

Dulmex se especializa en dulces de chile y tamarindo, y casi tuvo que cerrar hace tres años debido a que una de sus paletas, Bolirindo, fue el tema de una alerta de salud pública en California. La noticia de que se había encontrado plomo en Bolirindo fue mala. Pero lo que fue peor fue el hecho de que el dulce se había encontrado en la casa de un niño de Costa Mesa que padecía de envenenamiento por plomo.

Barrón dice que ya se resolvió el problema. Separó sus dulces de las envolturas llenas de tinta con un celofán transparente con la etiqueta enrollada encima, como un cigarro. En los datos de análisis de California, no hay documentos que indiquen que algún producto de la compañía haya resultado con altos niveles de plomo desde el 2001, pero la alerta de salud permanece en el sitio web del Departamento de Servicios de Salubridad de California, y en otros sitios de Internet en el país.

Como otros fabricantes de dulces, Barrón dice que él no sabe cómo sus dulces pasan la frontera. Algunos le llaman contrabando hormiga, refiriéndose a los varios viajes que poco a poco llevan dulces a través de la frontera.

La primavera pasada, oficiales del Condado de Contra Costa trataron de seguirle la pista a un distribuidor que vendía medicinas de mercado negro y dulces mexicanos a tiendas desde su carro. El condado cerró una tienda local por vender medicinas que sólo deberían venderse con receta médica ilegalmente, pero no se pudo encontrar al distribuidor.

Los dueños de las tiendas “nos mostraron una factura de medicinas y dulces”, dijo José Doser, especialista en salud ambiental del departamento de Salud Ambiental de Contra Costa. “No nombre, no dirección. Era un pirata, yendo de tienda en tienda”.

NO SE LE DA PRIORIDAD AL DULCE

 
Viaje por golosinas: Rose Lucero-Stirk y su hijo Dylan, residentes de Orange, adquirieron dulces en La Tapatía en Tijuana. Lucero-Stirk se surte de dulces mexicanos durante sus visitas a San Diego.

En el punto de revisión para turistas y peatones en Tijuana, la Aduana de los Estados Unidos, no la Administración de Fármacos y Alimentos, manda.

Agentes aduanales permiten que la gente que ingresa a los Estados Unidos traiga hasta 2,500 dólares en mercancía al país si es para uso personal. Pero los agentes pueden interrogar y mandar a pasar por el retén fronterizo comercial a la gente que traiga paquetes de menos valor si sospechan que la gente tiene la intención de vender los productos, según Vincent Bond, oficial de prensa para el Departamento de Aduanas y Protección de la Frontera de los Estados Unidos.

Oficiales federales, sin embargo, no pueden revisar cada carro, tampoco están enfocados en la importación de dulces ilícitos, dijo Bond.

Ahora que la agencia de aduanas y la FDA forman parte de los esfuerzos del Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en inglés), el dulce es insignificante comparado con al-Qaida.

“Nuestro principal enfoque es el antiterrorismo y los terroristas. Estamos verdaderamente enfocados en eso, en hacer que la nación esté segura”, dijo Bond. “El tráfico se tarda horas. Se tiene que utilizar una estrategia para administrar el riesgo ... y permitir que pase el tráfico que parece ser legal y que respeta las leyes para así poder concentrarse en vehículos que necesitan una inspección más meticulosa”.

Ocho millas de ahí, en el retén fronterizo comercial de Otay Mesa, oficiales federales, aunque mucho mejor equipados que sus colegas mexicanos, todavía tienen desventajas.

Vincent Iacono, funcionario del servicio que se asegura que se sigan los reglamentos de la FDA, observa conforme se forman las filas de camiones en el polvoroso camino que llega a la frontera, un congestionamiento transicional de autos que dura todo el día.

Por lo regular, de 3,000 a 4,000 camiones pasan cada día por Otay Mesa. Es el retén comercial más grande en la frontera México-EU, y segundo sólo a Laredo, Texas en volumen de camiones que pasan por la frontera. Eso quiere decir que en un turno de trabajo normal, con un personal de 20 empleados, hay un máximo de cuatro minutos para inspeccionar cada camión.

No resulta sorprendente que en promedio, los trabajadores de la FDA revisan aproximadamente el 2 por ciento de toda la mercancía que pasa por los retenes fronterizos, según oficiales de la FDA.

Hace como tres años, debido al creciente interés sobre el plomo, la FDA emprendió un plan para aumentar los muestreos de dulces mexicanos.

Sonaba bien en teoría, dijo Iacono, pero el personal de la frontera no tiene el equipo para analizar los dulces ahí mismo. Las muestras deben mandarse a Kansas City o San Francisco, y el personal de Iacono puede no obtener los resultados sino semanas después. La agencia no especificó el plazo que toma recibir los resultados.

Mientras las muestras se analizan, se le permite a los camiones seguir su camino bajo la condición de que no distribuyan la mercancía hasta que las muestras sean dadas de alta por la FDA. La agencia no siempre revisa los cargamentos después para asegurarse de que no fueron repartidos y vendidos.

La FDA detuvo un cargamenteo de dulces Chaca Chaca en el 2002 por ser “venenosos”, pero anuló la orden después de que análisis con resultados que tuvieran altos niveles de plomo no pudieron duplicarse, dijo Iacono. Otros dulces, también, se permite que se vendan porque la FDA no puede encontrar altos niveles de plomo constantes en ellos.

Los oficiales de la FDA dicen que uno o dos pruebas para determinar el contenido de plomo no son lo suficiente para dar lugar a medidas federales. Pero los expedientes de análisis de la FDA exponen un problema más profundo. Cuando los oficiales de alto rango dicen que el dulce no es una de las principales prioridades, tienen razón. La agencia casi nunca realiza análisis que determinan contenido de plomo.

La agencia negó repetidas veces peticiones de proveer copias completas de sus expedientes de análisis, pero un reporte indica que entre octubre del 2000 y noviembre del 2002, hubieron 66 pruebas federales para determinar el contenido de plomo en dulces, un promedio de un poco más de dos pruebas por mes.

En siete diferentes casos, la agencia encontró que el comer menos de dos dulces sería suficiente para que un niño excediera el índice de tolerancia al plomo establecido por el FDA. Aún así, no se tomaron medidas. Un total de 31 dulces más fueron analizados solamente una vez sin que se les hicieran pruebas adicionales de seguimiento.
Como la mayoría de los resultados de las pruebas de la FDA, éstos no fueron compartidos con el estado. La FDA no tiene un mecanismo para distribuir regularmente los resultados de sus análisis a las agencias de los estados y los condados.

Cuando la FDA incluyó a la compañía Candy Pop en la lista de productos que deben ser detenidos en la frontera en su alerta de importación en agosto del 2003, sus agentes en la frontera sabían que tenían que empezar a buscar los dulces producidos por la compañía inmediatamente. Pero los inspectores de salubridad de los condados no estarían pendientes de ellos en las tiendas o en las casas de niños con envenenamiento por plomo porque la FDA no le mandó esas alertas a oficiales de salubridad. The Register encontró el dulce que dió lugar a la alerta de importación en el x Condado de Orange tan recientemente como febrero. Análisis del dulce realizados por The Register indicaron altos niveles de plomo.

EL DILEMA DE LOS FUNCIONARIOS

 
Isla de dulces: Guadalupe Marquez González repone el surtido de dulces mexicanos en La Tapatía en Tijuana. La Tapatía es la tienda y almacén más grande de dulces en Tijuana.

Expertos de salud dicen que los estándares en sí no son parte del problema.

El plomo es uno de los tóxicos mejor entendidos, mejor estudiados y mejor monitoreados. Su uso fue prohibido en la pintura para casas en 1978. Al verse frente a una cantidad considerable de datos sobre la conexión del plomo a problemas de salud, la industria alimenticia de los Estados Unidos dejó por su propia voluntad de usar soldaduras de plomo para la comida enlatada en 1991. Una base activa de oficiales privados, gubernamentales y comunitarios trabajan para detectar plomo en el aire, en el agua, en la pintura y en la comida. Pero los estándares de cuánto plomo se considera dañino todavía no reflejan todos los hallazgos científicos, dicen los expertos.

“Toda la evidencia nueva indica que la exposición a niveles bajos de plomo, por muy mínima que sea, afecta el coeficiente intelectual y ocasiona problemas de aprendizaje y de comportamiento”, dijo David Rosner, un investigador de la Universidad Columbia quien ha escrito ampliamente sobre el plomo en los productos para el consumidor. “La pregunta no es que nivel de plomo debe de ser permitido en los alimentos. La pregunta necesita ser: ¿podemos permitir que algún producto alimenticio se venda si muestra siquiera indicios de plomo?”

El dulce fue uno de los primeros alimentos en llamar la atención de los investigadores hacia el plomo - hace más de un siglo. En Europa y Australia, el dulce se vendía en papel brillante hecho con plomo. Y en algunos casos los mismos dulces se teñían con tintas con plomo. Conforme la tecnología hizo la detección del plomo más fácil, las reglas se hicieron más estrictas.

El límite actualmente permitido por el gobierno federal para el dulce es de 0.5 partes por millón (ppm) de plomo. Éste límite es derivado del nivel antes permitido en el azúcar. La cantidad de plomo permitido en el azúcar fue reducida a 0.1 ppm en el año 2000 por otra agencia federal, el Instituto de Medicina, pero el límite en el dulce no ha cambiado.

¿Por qué no? El tamaño de la FDA y un sinnúmero de reglas que debe seguir para formular procedimientos y reglamentos no dejan que actúe con rapidez.

Promulgó instrucciones a la industria del dulce en 1995 y ahora se siente obligada a mantener esas instrucciones.
“Estamos algo limitados por los reglamentos que hemos establecido formalmente y por los escritos que se han emitido a la industria”, dijo Richard Jacobs, un especialista regional en elementos tóxicos en la oficina de San Francisco de la FDA. “Ese es el dilema”.

El proceso de cambiar esos reglamentos probablemente tomaría varios años y requiriría de múltiples sesiones de deliberación y oportunidades para la industria de hacer comentarios.

“Tal vez se ha visto que algunos de estos niños tienen niveles que clinicamente son considerados elevados, pero frecuentemente uno no puede relacionar eso con los dulces. Puede ser algo en el ambiente en que viven”, dijo Terry Troxell, directora del Servicio de Plantas y Alimentos Lácteos y Bebidas, sección de la FDA. “Éstos son el tipo de niveles dudosos que vemos en el dulce. Uno se puede imaginar que si tomamos medidas, el gobierno mexicano no diría que estamos siendo muy estrictos”.

El 25 de marzo, tres semanas depués que Troxell habló con The Register, la agencia mandó una carta a los fabricantes de dulces indicándoles que tenía la intención de tomar medidas para reducir la exposición de los niños al plomo en los dulces. La carta no especificaba de qué manera lograría este objetivo, ni qué tán pronto.
Investigadores y defensores de la salud pública dicen que la evidencia es clara y debería de dar lugar a medidas con prontitud.

“Si el límite para el azúcar es 0.1, entonces no hay ninguna razón para que no sea 0.1 para el dulce”, dijo Gerald Markowitz, un profesor de historia en la Universidad Columbia que trabaja conjuntamente con Rosner en investigaciones sobre el plomo.

Los reglamentos que discrepan entre sí no sólo se tratan del azúcar. La mayoría de otros alimentos y algunos productos de cerámica tienen un límite de 0.25 ppm, la mitad del límite establecido por la FDA para los dulces. Las situación es tal que una familia podría tener en su mesa un tazón de cerámica lleno de dulces, y si ambos el tazón y los dulces tuvieran un nivel de plomo de 0.4 ppm, el tazón estaría considerado en violación de los reglamentos de la FDA. Los dulces que los niños se comen se consideraría sin peligro.

Oficiales del departamento de salubridad de California, desde 1998, le han pedido a la FDA hacer sus límites más estrictos.

“Yo tengo la opinión que deberíamos de tratar de bajar los límites del Pb (plomo) en los dulces a 0.1 ppm”, dijo Alfredo Quattrone, ex toxicólogo del estado, en un email a la FDA en 1998.

Por una parte, oficiales estatales se preocupan que el límite federal de 0.5 ppm contradice otro reglamento que establece el máximo nivel de tolerancia al plomo para los niños: 6 microgramos.

¿De qué manera están en desacuerdo esos dos reglamentos?

La FDA lo descubrió por si misma en marzo cuando decidió incluir a Chaca Chaca, un dulce hecho en Morelia, en su lista de productos de importación que deben ser vigilados. Por más de un año, la FDA ignoró resultados de análisis que mostraban que el dulce tenía entre 0.2 ppm y 0.3 ppm de plomo. Ésto causó que el departamento de salubridad de California le pidiera orientación en cómo tratar sus propios resultados de análisis del dulce y que The Register preguntara por qué no se había hecho nada para lidiar con el problema de 17 análisis con resultados altos en seis años.

“Los análisis no fueron tan altos como nuestro nivel para tomar medidas inmediatas para regular los dulces, pero no habíamos considerado el peso”, dijo Joe Baca, director del servicio que se asegura que se sigan los reglamentos del Centro para la Seguridad en los Alimentos y la Nutrición Aplicada de la FDA.

Chaca Chaca pesa aproximadamente 40 gramos. Cuando la FDA multiplicó las partes por millón obtenidas en los análisis por el peso del dulce, descubrió que los niños que comieran sólo uno de estos dulces estarían consumiendo más de 10 microgramos de plomo. Pruebas del estado mostraron que algunos Chaca Chacas contenían casi 30 microgramos de plomo.

Es la matemática como ésta lo que ha apremiado a la Unidad del estado para la Prevención del Envenenamiento por Plomo en la Niñez a ser más estricta cuando se trata de analizar los dulces. Usa un límite más bajo de 0.2 ppm, porque sabe que dulces como Chaca Chaca podrían resultar con ese nivel y contener más plomo que el permitido por la FDA.

En documentos de análisis estatales y federales obtenidos por The Register, más de 90 muestras de dulces se encontraban en el área intermedia de 0.2 ppm y 0.5 ppm.

La falta de uniformidad en los reglamentos federales llega hasta el nivel estatal. Una sección del departamento de salubridad de California usa 0.2 ppm como límite, mientras que otra usa el límite de 6 microgramos por día.

PAQUETES DE VENENO

 
Presentación: Eunice Reyes acomoda dulces en La Tapatía. Los fabricantes de dulces mexicanos mandan un representante al almacén para acomodar el dulce y regalar muestras.

La probabilidad de que un solo dulce asesterá un poderoso puñetazo de plomo es bastante alta. The Register descubrió que en el 83 por ciento de los casos de las muestras de dulces que han resultado con altos niveles de plomo de acuerdo a documentos sobre análisis estatales y federales desde 1993, tomaría sólo una pieza de dulce o menos para exceder el límite federal de consumo.

No es sólo el contenido del dulce que puede resultar problemático. Oficiales de la FDA y oficiales de salubridad del estado tampoco pueden encontrar la manera de controlar el contenido de plomo en las envolturas. El dulce al menos tiene algunos límites de contenido de plomo establecidos. Las envolturas no los tienen.

El departamento de salubridad de California usa un nivel no oficial de 600 ppm, el mismo nivel que se considera alto en la pintura, como límite en las envolturas de dulces. Más de 130 envolturas y otros envases han resultado con altos niveles de plomo en pruebas desde 1993, según documentos estatales y federales. Esa cifra es cerca de un 23 por ciento de todas las muestras analizadas.

Oficiales estatales y federales dicen que no pueden perseguir un dulce basándose en análisis de envolturas a menos que el dulce tenga altos niveles de plomo también. The Register se dió cuenta que esto no siempre es verdad.

En el caso de un dulce filipino llamado Storck Eucalyptus Menthol, el estado emitió una alerta después de que solamente dos envolturas resultaron con niveles altos en análisis.

El dulce no mostró señales de plomo hasta que unos análisis de la FDA revelaron después niveles de plomo de hasta 0.8 ppm, apremiando así a la agencia federal a incluir al dulce en su corta lista de dulces que deben ser detenidos en la frontera.

LA FDA dice que porque las envolturas no son un alimento, ellas están bajo la jurisdicción de la Comisión de Seguridad del Productos para el Consumidor. Después de un año de preguntas de parte de The Register, las comisión dijo el mes pasado que está investigando el asunto de las envolturas.

En otros casos, el estado no le ha dado seguimiento a los análisis de envolturas con altos resultados. La envoltura de una paleta Pinta Rojo resultó con un nivel de plomo de 15,000 ppm en una prueba en mayo de 1995, uno de los resultados más altos de cualquier prueba en las envolturas. Pero no hay documentos que demuestren que se hayan realizado análisis de los dulces posteriormente. Se continúa vendiendo en California.

Pasó lo mismo con más de una docena de otros dulces. Envolturas con niveles altosque no se sometieron a pruebas adicionales.

“No hay duda de que el plomo es peligroso para los niños, que hay plomo en papeles plateados y envolturas, que el plomo penetra en el dulce y que los niños absorben ese plomo”, dijo Markowitz, de la Universidad Columbia. “Simplemente parece increíble que todavía estemos discutiendo si el plomo debería ser permitido en las envolturas o no”.

Para entender dónde el plomo en los dulces queda en la lista de prioridades de la agencia, uno sólo necesita ver la lista de la FDA de productos retirados del mercado y sus “alertas de seguridad”. A diferencia de las alertas de importación que se mandan exclusivamente a los agentes de las fronteras, las alertas de seguridad son distribuidas a trabajadores de seguridad en las oficinas de los condados y los estados en todo el país. La FDA usualmente emite cientos de éstas al año.

Del 2001 al 2003, la agencia publicó una alerta de salud sobre un dulce contaminado.

Iacono dice que el aún manda reportes de dulces con niveles de plomo más bajos que el límite de 0.5 ppm a la sede de la FDA en Washington. Él espera que el hacer esto ayude a formar un buen fundamento para justificar un límite más bajo.

Iacono dijo que como parte del muestreo, la agencia escoge dulces que nunca ha visto antes o que no sabe haya tenido problemas. Detiene dulces de tamarindo para buscar un exceso de plomo y partes de insectos.
El verano pasado en la frontera, Tammy Milks y Jeffrey Sloan, inspectores de la FDA, abrieron cajas de dulces para tomar muestras para analizarlas para determinar si contenían plomo.

Antes de decidir cuáles dulces tomar, dijo Sloan, la agencia considera dos cosas: el tamaño del cargamento y la cantidad de trabajo en el laboratorio federal.

Cuando un reportero indicó que uno de los dulces no especificaba “colorantes artificiales” en su etiqueta, como es requerido por ley, Sloan dijo que dejaría al producto pasar porque sólo venían como 50 cajas.
“No queremos abrumar a los laboratorios”, dijo.

Cuando se le preguntó si el equipo estaría revisando cajas de dulces si los reporteros no estuvieran ahí, Sloan miró hacia arriba y dijo: “Posiblement...probablemente”.

OTROS DULCES SON INVESTIGADOS

 
Última oportunidad: Ollitas de barro rellenas de tamarindo están disponibles en La Línea, el último negocio antes de entrar a los Estados Unidos en la frontera de San Isidro.

En mayo del 2002, la FDA sí tomó medidas legales en contra de un dulce, pero no por el plomo.

Agentes de la FDA fueron a un almacén en Irwindale en el Condado de Los Angeles y confiscaron todos los dulces de gelatina fabricados por Sheng Hsiang Jen Foods en Taiwán. ¿La causa? Los dulces, que eran vendidos en vasitos pequeños, no se disolvían lo suficientemente rápido en las bocas de los niños, y causaron al menos tres muertes por asfixia en todo el país. Después de unos artículos publicados en el periódico The Sacramento Bee acerca del dulce, la agencia lanzó una larga campaña para sacar a estos dulces del mercado.

Rick Gómez, gerente de Gosa Toys en Santa Ana, recuerda a los agentes que buscaban los dulces en su almacén.

“Estaban exaltados”, dijo Gómez. “Tuve que deshacerme de todos (los dulces). Supongo que si hay un problema, lo resuelven y hacen algo para corregirlo”.

Gómez dijo que le era difícil conciliar esa experiencia con lo que The Register le reveló: que el estado y la FDA han compilado documentos sobre más de 100 tipos de dulces que han tenido niveles altos de plomo y que más de la mitad de esos dulces se vendían en su tienda. El heredero del negocio de su familia de dulces estaba anonadado.

“Aunque ellos tengan un dulce que haya tenido un resultado alto una vez, deberían de decirle a la gente como yo para que así podamos decidir si queremos sacar algo de nuestras tiendas o no”, dijo Gómez. “¿Cómo pueden estar tan preocupados por la posibilidad de que los niños se asfixien con un dulce y no importarles que los niños se envenenen con todos estos otros dulces?”.

Un grupo de activistas en San Diego se ha preguntado lo mismo. El grupo trató de que la Legislatura tomara medidas, pero dejó el capitolio estatal decepcionado.

Los reporteros Valeria Godines y Keith Sharon de The Register y los estudiantes Kim Calvert y Zaynah Moussa de la Universidad del Sur de California contribuyeron a este reportaje.



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