Ollas de tamarindo, veneno dulzón
Las ollas pueden contener altos niveles de plomo;
una madre piensa que esos dulces causaron el envenenamiento por
plomo de su hijo
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| La
realidad: Javier seca las lágrimas de su madre
Gloria Bonilla; el niño resultó con niveles de
plomo peligrosos en su sangre en el 2002. (OCRegister) |
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Por JENIFER B. McKIM
The Orange County Register
Javier Bonilla, de La Habra, comía cinco
ollitas de golosina de tamarindo por día: sorbía la
pulpa dulzona y limpiaba hasta las ultimas partes pegajosas con
sus dedos.
El y sus tres hermanos jugaban con las ollitas
pintadas, usándolas para echar y tomar agua.
Los dulces eran los favoritos del niño
de 2 años de edad hasta que fue a un examen médico
de rutina en agosto del 2002, y los doctores determinaron que el
nivel de plomo en su sangre era lo suficientemente alto como para
ponerlo en riesgo de sufrir daños cerebrales.
Su madre, al ser informada por una enfermera
sobre los peligros de algunos dulces mexicanos, se dió cuenta
que el problema de Javier provenía de los tradicionales dulces
en ollas de barro.
Dije Dios mío, sánalo,
dijo Gloria Bonilla, de 37 años, una madre soltera que lloró
al acordarse. De haber sabido, no se los habría dado.
El Condado de Orange estableció una
relación entre dulces contaminados y 31 niños con
envenenamiento por plomo en el 2002 y el 2003.
California emitió su primera alerta
de salubridad sobre el plomo en los dulces en 1993, enfocándose
en los dulces de tamarindo en ollas de barro. Pero el problema ha
persistido, ya que hay familiares y amigos que traen dulces a través
de la frontera y también hay otras personas que los venden
en camiones de helados y tiendas.
En el condado de Tulare, nueve primos fueron
envenenados por dulces de tamarindo en ollas de barro desde 1993
hasta 1997, antes de que los trabajadores de salubridad encontraran
la fuente del problema, de acuerdo a documentos estatales. En uno
de los casos, un niño de diez años de edad recibió
tratamiento siete veces para reducir el nivel de plomo en su sangre,
pero cuando regresaba a casa su familia, sin saber de dónde
provenía el plomo, le daba más dulces para contentarlo.
Bonilla, quien cursó hasta quinto de
primaria y tiene tres trabajos que incluyen labores de limpieza
en un hospital y en una fábrica, dice que también
a ella le encanta comer dulces de tamarindo en olla. Para ella,
tales golosinas eran un lujo cuando era niña y vivía
con nueve hermanos en un una casa de un solo cuarto en un rancho
mexicano.
Javier, un niño que limpia las lágrimas
de los ojos de su madre mientras ella habla, fue el único
de su familia cuyo análisis de sangre reveló un alto
nivel de plomo. Su nivel bajó rápidamente -- de 10
microgramos por decilitro de sangre a menos de 5 -- al dejar de
comer dulces.
Gloria Bonilla dice que no ve síntomas
de envenenamiento por plomo en su hijo. Lo observa cuidadosamente.
Aun así, Bonilla esta enojada consigo misma por haberle comprado
las golosinas. Dice que por estos días ya ni siquiera puede
encontrar los dulces en ollas de barro por su vecindario. Sin embargo,
el camión aún pasa por su casa diariamente con un
montón de dulces mexicanos que hacen que sus hijos corran
hacia la puerta.
Ella siente alivio de que los dulces en ollas
ya no están disponibles.
Ya no los puedo encontrar, dice
Bonilla. Por lo menos ahora ya no tenemos esa tentación.
Dice que trata de que sus niños no coman otros dulces mexicanos,
pero que a veces no les puede decir que no. Calcula que se salen
con la suya como una vez por semana.
El favorito de ellos es el de tamarindo
en bolsitas de plástico, las paletas con sabor a frutas y
Pelón Pelo Rico, un dulce que ha dado resultados positivos
en pruebas para detectar plomo en once ocasiones.
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