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ESPECIAL
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El principal sospechoso

Los chiles cultivados en México salen limpios del campo, pero van acumulando plomo conforme se secan y se muelen antes de llegar a las fábricas de dulces

Huertos limpios: Campos como éste en las afueras de Ojo Caliente, Zacatecas, cultivan chiles que se usan en todo México. Los expertos dicen que aunque el plomo existe en la tierra, los chiles, como otras frutas y verduras, no absorben plomo de la tierra. La contaminación de los chiles ocurre después de que salen del campo. (Fotos por DAVID FITZGERALD)
En Esta Nota
LOS HUERTOS NO SON LOS CULPABLES
LA VENTA DEL CHILE
CHILE SUCIO
TRATAN DE AUMENTAR SUS GANANCIAS
¿A LIMPIAR SE HA DICHO?
Historias de la primera parte
EL CHILE EN LOS ALIMENTOS
NO SE PREOCUPE POR EL PLOMO EN LAS SALSAS
 

Parece increíble que se busque el plomo de los dulces que envenena a los niños por aquí; aquí, donde un molinero abre una bolsa de lona derramando un río de chiles secos de color rojo quemado en un vertedor.

En este molino de Aguascalientes, los molinos machacan los chiles durante unos estruendosos minutos antes de que finalmente salga de ellos el polvo rojo y suave que cubrirá algunas golosinas mexicanas.

Aquí es exactamente donde debería de empezar la búsqueda.

Los inspectores de salubridad de los Estados Unidos han buscado en muchas partes para descubrir de dónde proviene el plomo que contienen algunos dulces. Han analizado las envolturas. Han analizado las ollitas de barro en que vienen algunos dulces. Han analizado los dulces.

Pero ni las agencias de salubridad estadounidenses ni las mexicanas han realizado análisis exhaustivos del chile, aunque éste es el ingrediente que la mayoría de los dulces, que contienen altos niveles de plomo, tienen en común.

The Orange County Register contrató a un laboratorio para conducir 55 análisis de chile fresco, seco y en polvo que se compró en México. Más del 90 por ciento de las muestras de chile en polvo resultaron tener altos niveles de plomo. Estas cifras horrorizaron a funcionarios de salud estatales y federales, quienes dicen que investigarán el problema.

Cuando se les informó de los hallazgos de The Register, funcionarios de la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos(FDA, por sus siglas en inglés) dijeron estar sorprendidos y querían saber más sobre los resultados de los análisis.

Para investigar de qué forma el plomo llega a los dulces, The Register le siguió el rastro desde las tiendas donde se venden, hasta los campos de Zacatecas y recolectó muestras a su paso que incluyeron tierra, agua de pozo, chiles frescos y chile en polvo.

Muchas empresas de dulces obtienen su provisión de dulces de Zacatecas, estado que produce casi la mitad de chile seco en México.

The Register se enfocó en el chile guajillo, que es verde y mide seis pulgadas. Las empresas de dulces de México lo usan para darle a los dulces un saborcito agridulce. Los chiles frescos, recién salidos de los huertos que analizó The Register no contenían plomo. Pero para cuando el chile en polvo llega a los mercados, donde algunas compañías de dulces compran sus condimentos, ya puede estar contaminado.

En muchos casos, media cucharadita de chile molido es suficiente para envenenar a un niño.

El plomo, que afecta más a los niños, puede causar daños irreversibles. Puede reducir el coeficiente intelectual y ocasionar dolor de estómago y daños al riñón. Y el envenenamiento por plomo no se detecta fácilmente porque los síntomas son cosas que pueden ser causadas por otros males.

México, que apenas empezó a retirar la gasolina con plomo en los años 90, está atrasado como por 30 años con respecto a los Estados Unidos en los esfuerzos para prevenir el envenenamiento por plomo. No se realizan exámenes para detectar plomo en la sangre infantil rutinariamente.

Las normas estrictas para prevenir la intoxicación por plomo están en efecto, pero casi nunca se hacen cumplir. Sí se ha hecho progreso en lo que se refiere a crear una mayor conciencia de los peligros del plomo en la cerámica. Pero cuando se trata del chile, pocos en México saben de los peligros.

Como es el caso del plomo en los dulces, no existe una sino varias fuentes de plomo en el chile. Pero The Register descubrió que la tierra y ciertos desechos tienen mucho que ver.

Para entender cómo el plomo se infiltra en el chile, se tiene que empezar desde el principio, en los huertos, y seguir al chile en su viaje hacia x las fábricas de dulce.

LOS HUERTOS NO SON LOS CULPABLES

De todos colores: Chiles secos y productos de chile en polvo se venden en La Tapatía; éste almacén propiedad de Jesús González se encuentra en el Centro Agropecuario en Aguascalientes, México.

José “Pepe” García Saldívar, un campesino de Zacatecas, ha lidiado con plagas, sequías, inundaciones y hongos. Pero, ¿con el plomo?

En esta tarde de septiembre, él camina por sus huertos de chile, cinco acres en total, que quedan como a 20 millas de Ojo Caliente. Las plagas y la lluvia han dañado un poco su cosecha de chiles guajillo. García se agacha para señalar el daño. Luego mira hacia arriba.

“Si es que encuentran plomo aquí, sería bueno que nos dijeran para que podamos hacer algo al respecto”, dijo.
García, de 49 años, no escogió su ocupación, sino nació con ella, al seguir los pasos de su padre. No sabe leer ni escribir, pero sí sabe los suficientes números para entender los recibos.

Cuando el Tratado de Libre Comercio abrió las puertas de los mercados de México en 1994, fue un golpe tremendo para campesinos como García. El maíz de los Estados Unidos, que el gobierno suele subvencionar, inundó el mercado mexicano. Las cosas empeoraron cuando China, donde el trabajo se paga mucho más barato, empezó a exportar chile a México.

“Los compradores, los intermediarios, venían aquí y pagaban un buen precio”, dice García. “Ahora, la cosecha ya no se vende. Ya no vale nada. El gobierno permite este libre comercio y no nos ha beneficiado”.
En esta tarde, García, quien usualmente usa una camisa de franela y pantalones de mezclilla, va muy bien vestido. Usa un sombrero color beige, una camisa planchada y pantalones de vestir. Quiere verse profesional cuando vende sus chiles.

Se lleva sus chiles guajillo a una secadora de chiles que queda a 10 millas de su huerto. A pesar de dar su mejor presentación y regateos, pierde dinero en su cosecha. Otra vez.

Este es el quinto año consecutivo que le pasa.

Después de vender sus chiles, García no tiene ni idea a dónde irán a parar. Tal vez en una salsa en algún restaurante. Tal vez en la cocina de alguna familia. Tal vez en un caramelo de algún niño del Condado de Orange.
Los chiles frescos recién recogidos del huerto de García, igual que los recogidos de otros cuatro huertos, no resultaron tener plomo en pruebas de laboratorio. La tierra del terreno de García si contenía plomo, con niveles de 16 partes por millón (ppm). Otros cuatro huertos de chiles guajillo también tenían plomo en la tierra, con niveles que iban desde las 18 ppm hasta las 90 ppm. Toda la tierra tiene algo de plomo en ella, y los expertos en el plomo no se preocupan por los niveles de esas muestras.

“Es muy improbable que el plomo penetre en los chiles frescos porque las frutas y las verduras generalmente no absorben metal de la tierra”, dijo Paul Bosland, un experto en el estudio de los chiles de la Universidad Estatal de Nuevo Mexico. “Aunque la tierra tuviera mucho plomo, las hojas lo absorberían, no el fruto”.

Pero hay otras maneras en las que el plomo puede colarse en el chile en polvo durante la jornada hacia la fábrica de dulces.

LA VENTA DEL CHILE

El proceso de secado: En una secadora de chiles en Ojo Caliente, trabajadores como Pedro Gutierrez (arriba, izquierda) descargan chiles frescos que serán secados por ráfagas de aire caliente que salen de máquinas que usan gas natural o dieses. En México está prohíbido el uso dela gasolina con plomo.

Llega poco después de que amanece. Un desfile de viejas camionetas pick up que manejan los cansados campesinos, provenientes de los alrededores, pasan retumbando por la entrada de cemento y se estacionan frente a la báscula. Se encuentran ante la secadora en las afueras de Ojo Caliente.

Cresencio Ortiz, quien usa una hebilla de cinturón grabada con un gallo de pelea, les espera.
El viejo de 71 años sonríe cuando se le acerca un campesino. Ortiz saca un fajo grueso de billetes y empieza a contar. Después de un minuto, él es ya el dueño de los chiles de una de las camionetas.

Ortiz, padre de familia con siete hijos, es el intermediario que compra chiles a los campesinos y después se los vende a comerciantes o a molineros. Él trabaja en la secadora, que tiene 120 clientes, algunos son dueños de dos acres de huertos de chiles y otros poseen hasta 100 acres.

Es época de cosecha en esta mañana de septiembre y las 15 secadoras en la región de Ojo Caliente están en pleno apogeo. Los hombres corren de un montón de chiles a otro, y comparan precios y calidad. Las amenazantes nubes grises hacen que los trabajadores se apuren más y saquen las lonas para cubrir los chiles que están en el suelo.

La temporada de secamiento en Zacatecas es todo un ritual. Es un mundo gobernado por hombres. Intermediarios de todo el estado que no se han visto en ocho meses se alegran de reunirse. Se sientan a jugar barajas mientras los chiles se secan. Se ponen a fumar, a veces a beber. Hablan de sus hijos y sus nietos.
Todas las secadoras se ven igual a primera vista: patios de cemento, algunos tan grandes como estadios de football americano, cercados por enormes paredes. Lo que pasa dentro de esas paredes depende de una importante cosa: el rumbo hacia donde se dirige el chile.

Los chiles que se dirigen directamente a los Estados Unidos o hacia compañías mexicanas con altos volúmenes de ventas generalmente se limpian cuidadosamente, se inspeccionan uno por uno y se empacan en cajas limpias. Pero recorridos por cinco secadoras en Zacatecas revelaron que los chiles que van para los mercados locales, o para compañías pequeñas pasan por algo muy distinto. A esos no los inspeccionan uno por uno. No los empacan en cajas limpias. Y definitivamente no los limpian.

Hace frío afuera de la secadora cerca de Ojo Caliente esta mañana, pero los hombres se mantienen calientitos cerca de túneles de 10 pies de largo que arrojan aire caliente por encima de los chiles por 24 horas, y causan así que haya un delicioso aroma en el aire. Los encargados de las secadoras dicen que las máquinas funcionan con gasolina sin plomo o con gas natural, no con gasolina con plomo.

Cuando los chiles salen, tienen un color vino quemado. Los hombres colocan los chiles en el suelo y los comienx zan a separar. Ponen los que se ven más bonitos en un montón y los que están algo maltratados en otro. Los chiles frecuentemente se quedan en el suelo por 24 horas.

Los hombres meten los chiles en costales. Después, con todo y botas, se meten ellos a los costales y pisan los chiles para que quepan bien.

“Claro que no es muy limpio”, dijo Ortiz. “Pero no te los vas a comer así. Se limpian primero”.

Ortiz expresa una opinión muy común en México, que la responsabilidad de limpiar los productos alimenticios es del consumidor. Líquidos antibacterianos se venden junto a las frutas y verduras en mercados en todo el país.
En esta secadora, la tierra se le pega a algunos de los chiles secos de Ortiz y también a los de otras docenas de montones.

Dos de los chiles guajillo de Ortiz que salieron de la secadora fueron analizados en un laboratorio. Uno salió limpio, el otro tenía un nivel de plomo de 0.5 ppm.

El plomo en los ingredientes que se usan para preparar comida no debe de exceder un nivel de 0.1 ppm, dijo Richard Jacobs, un especialista de la Administración de Fármacos y Alimentos que lleva años investigando el plomo en los dulces. Y la mayoría de las frutas y verduras que se analizan resultan tener niveles inferiores a las 0.02 ppm, dijo Jacobs. El nivel límite de plomo en los dulces considerado como “nivel de preocupación” por el estado de California es de 0.2 ppm, pero no hay un nivel establecido para el chile.

Dos de tres chiles guajillos enteros que fueron tomados de otras secadoras también resultaron tener plomo.

En 18 muestras adicionales de chiles guajillos, el laboratorio enjuagó los chiles y después analizó el agua para determinar si la tierra que se les había pegado podía ser la fuente del plomo. Cuatro de las muestras contenían plomo.

Es el principio de un problema que se agrava para cuando los chiles salen de los molinos.

Ortiz y otros intermediarios todavía tienen mucho trabajo por hacer cuando salen los chiles de las secadoras. Cargarán los chiles en las camionetas y recorrerán el país; algunos irán tan lejos como la Ciudad de México, que queda a 300 millas. Tienen que encontrar un comprador.
Una de las primeras paradas será probablemente en una hora, en Aguas
calientes, la capital de uno de los estados más pequeños de México, donde trabaja Jesús González.

CHILE SUCIO

Contaminantes: Objetos como piedras y hasta partes de batería de auto aparecen en los costales de chile guajillo en un molino de Aguascalientes.

González trabaja en el corazón del mercado agrícola, uno de los más grandes de México, es tan grande como una ciudad; hay letreros con los nombres de las calles y varios restaurantes.

Durante un día típico entre semana se pueden ver cientos de camionetas que pasan volando y llevan hortalizas por las calles donde las leyes de tránsito no significan nada. Se ven hombres con retazos de res cuales capas sobre sus hombros que van corriendo hacia la carnicería. Las mujeres pasan con sus bolsas repletas de chiles. Los conductores les pitan a los comerciantes que cruzan las calles corriendo sin cerciorarse si vienen carros o no.

Todos tienen a donde ir, o algo que comprar o que vender. La ciudad está rebosante de actividad.

González tiene que entrar en este desorden todos los días para llegar a las cuatro tiendas de chiles que posee.

El es muy católico. Tiene imágenes de santos en todas sus tiendas. Durante la Guerra Cristera en la época posrevolucionaria, en la década de los 20, cuando hubo hostilidades entre la Iglesia Católica y el Estado, varias familias fueron reubicadas a distintas ciudades. La familia de González fue mandada de Jalisco a Aguascalientes.

Algunos dicen que tiene dinero, pero él no se da sus aires. Maneja una camioneta vieja y usa ropas arrugadas. Sus sobrinos y sobrinas que trabajan para él dicen que es como un padre para ellos.

Sus clientes incluyen tiendas pequeñas que atienden las madres de familia en sus vecindarios y dueños de restaurantes. González ha vendido chiles a fábricas de dulces una que otra vez. Él aprovecha si se presentan oportunidades. Cuando las grandes compañías no consiguen todo lo que necesitan de sus proveedores habituales, lo buscan a él y a otros vendedores de chile para lo que les falta.

González no solamente vende chiles secos enteros. El también es molinero, el único en el mercado que abre todo el año.

Su molino está en una área de clase media, cerca del mercado, tras una reja de metal negro. Hay una casa en la entrada. Gallos de pelea cacarean en sus jaulas que están en la parte de atrás junto a los costales de chiles que han estado almacenados por dos años.

Tres trabajadores se pasan el día echando los chiles al molino. Ellos no usan ni máscaras protectoras ni guantes. Y, como cientos de molineros en México, no limpian los chiles antes de molerlos.

TRATAN DE AUMENTAR SUS GANANCIAS

Molinero: Jesús González, con un puñado de chiles guajillo secos, va caminando en un almacén en su molino en Aguascalientes. Él no se sorprendió cuando se enteró que unos análisis del chile en polvo que sale de su molino indicaron que el chile contenía grandes cantidades de plomo. Él dijo que el costo de limpiar el chile sería muy alto. Cada peso cuenta. “¿Que más puedo hacer yo?”, preguntó.

La tierra no es el único contaminante que llega en los costales. Un costal de chiles guajillos que pesa 110 libras se vende por 130 dólares. Como los campesinos y los intermediarios venden por peso, a veces le meten cosas a los costales para que pesen más, así lo muestran entrevistas con más de una docena de trabajadores.

Los molinos detectan algunos desechos mediante inspecciones y con magnetos. Cuando se le pregunta a Roberto Reynoso, uno de los trabajadores del molino de González, sobre las impurezas en los chiles, él saca partes de una batería de carro, piedras, tierra, clavos y baleros que encontró en los costales. El calcula que 8 de cada 10 costales que llegan al molino contienen cachivaches.

Los costales no tienen etiquetas y pueden quedarse en almacenes por años antes de que se muelan los chiles, así que es imposible saber de qué huerto o de qué intermediario proviene cada uno si se encuentran problemas.

Las inspecciones en los molinos no encuentran todo. A veces los clavos, piedras y tierra se muelen con el chile. Y el molino mismo puede constituir un problema, especialmente si sus partes están soldadas con plomo. Con el tiempo, partes del molino se muelen con el chile. The Register analizó cuatro muestras de chile molido tomadas del molino de González: tres de chile guajillo y uno de chile de árbol. Todos contenían plomo con niveles que oscilan desde las 0.3 ppm hasta las 1.3 ppm.

The Register recorrió cinco molinos en México y analizó 25 muestras de chile molido (o en polvo) que compró en mercax dos agrícolas muy grandes en cuatro estados: Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco y Michoacán. Algunas compañías de dulces van a esos mercados a comprar chiles al mayoreo.

De las 25 muestras de chile en polvo, 23 contenían plomo, con niveles que iban de 0.3 ppm a 4 ppm.

Con un nivel de 3 ppm, un niño sólo necesitaría consumir dos gramos, menos de la mitad de una cucharadita de chile para exceder el índice de tolerancia al plomo considerado sin peligro por la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos. En algunos casos, esto sería solo una paleta de dulce enchilada, o un dulce que venga en una ollita de barro, un envase muy común para los dulces de jalea.

González ni parpadeó cuando se le dijo sobre el plomo en su chile en polvo. El señaló que el molino tiene un magneto que detecta metal, aunque no detecta el plomo.

Dijo que el costo sería mucho si se limpiara el chile y se le pusieran etiquetas a cada bolsa. Cada peso cuenta.

“¿Que más puedo hacer yo?” preguntó.

“Es muy común que la gente que vende productos al mayoreo le meta tierra, piedras, depende de que producto se trate, para que su margen de ganancia sea un poco más grande”, dijo Stephen Rothenberg, científico del Centro para la Salud Pública del Instituto Nacional de Salud Pública en Cuernavaca, México. Rothenberg es un experto en estudios sobre el plomo

“Lo que me sorprende es que no lavan el chile antes de molerlo”, dijo Rothenberg.

Sin embargo, los fabricantes de dulces mexicanos no estaban sorprendidos.

“Está sucio, sucio, sucio”, dijo María de la Luz García Cortés, quien dirige la Fábrica de Dulces Cisne con su familia. Esta fábrica en Morelia cuenta con 40 empleados. Ella dijo que su compañía tiene mucho cuidado en asegurarse que los ingredientes que usan estén limpios, y que no deja que sus niños coman dulce con chile a menos que ella sepa de dónde proviene. “Tiene ratas. No lo checan”, dijo. “Uno no sabe cómo lo hacen"
Javier Arroyo de la empresa mexicana de dulces Grupo Lorena, la cual usa chiles limpios para sus productos, dijo: “Si hay chiles sucios, hay plomo”.

Un análisis de The Register reveló que al menos el 79 por ciento de los dulces mexicanos que resultaron tener un alto contenido de plomo cuando se examinaron en laboratorios de los EU y de California contenían chile como un ingrediente principal.

Eliminar el plomo no debería de ser tan difícil, dicen los expertos en el tema.

“Supongo que si se lavaran los chiles para quitarles la tierra, se reduciría la cantidad de plomo en el chile en polvo bastante”, dijo Jon Ericson, científico medioambiental de la Universidad de California en Irvine, quien ha estudiado el envenenamiento por plomo en los niños de Tijuana.

¿A LIMPIAR SE HA DICHO?
Funcionarios del gobierno mexicano al principio negaban que hubiera problemas con el chile en polvo.
“No lo creo”, dijo Jesús González Nájera, un funcionario del departamento agrícola en Zacatecas quien ayuda a los campesinos con subvenciones estatales.

Pero cuando se le informó acerca de los resultados de los análisis que realizó The Register, González Nájera se preocupó y prometió investigar el asunto.

“Tenemos que ver de dónde viene el problema. Debe de ser algo en el proceso de molienda”, dijo. “¿Cuál es la razón? Esto suena muy mal”.

José Luis Flores, un dirigente federal de salubridad en México, también se sorprendió con los resultados. Se preguntó si los chiles que se secan al aire libre iban recogiendo tierra o si algún colorante comestible que tenga plomo se usaba para el chile en polvo.

El dijo que los problemas con el plomo en México incluían barnices con plomo, mechas de vela con plomo y las viviendas cerca de las minas.

“Cuando ustedes me dicen esto, yo digo, ‘Ay, caramba”, dijo Flores. “Imagínense que tan preocupado estoy ahora”.
En California, funcionarios del Departamento de Servicios de Salubridad originalmente dijeron que no podían hacer nada con respecto al chile contaminado porque no podían tomar muestras en México.

Pero después, durante una entrevista en febrero, prometieron que trabajarían con los funcionarios mexicanos.
“Sabemos que algunas de estas fuentes de plomo están en los ingredientes, pero esa es información importante que tenemos que compartir con los funcionarios mexicanos para que conforme se vayan evaluando las posibles fuentes de peligro, se puedan tomar las medidas necesarias”, dijo Kevin Reilly, subdirector de servicios de prevención del estado.

“Yo creo que ésta es información muy valiosa, absolutamente sí y se debe considerar cuando se trabaje con las...fábricas de México para buscar soluciones de cómo eliminar eso como una posible fuente”.

Aunque la FDA ha sospechado del chile como una fuente de plomo, funcionarios de Estados Unidos también se sorprendieron con los resultados tan altos de contenido de plomo en los chiles obtenidos por The Register.

“Si ustedes tienen buenos datos que nos ayuden en esto, eso es algo bueno que veríamos de lo que están haciendo”, dijo Terry Troxell, director del Departamento de Plantas y Productos Lácteos de la FDA. “Hemos examinado muchos diferentes dulces durante los últimos años, y casi todos los niveles resultan ser menores de 0.25, y pues sí, estoy un poco sorprendido que ustedes encuentren 4 partes por millón en los chiles”.

La FDA emitió una advertencia sobre dulces mexicanos el 9 de abril, y mencionó problemas con el chile molido. Ésto sólo semanas después de que The Register le preguntó a la agencia por qué no había tomado más medidas en relación a ese ingrediente para dulces.

UN BUEN EJEMPLO
No todo el chile molido en México está contaminado. En un molino de chile en una área industrial en Guadalajara, como a tres horas de Aguascalientes, las cosas se hacen un poco diferente.

El chile aquí no sólo se limpia sino que se rocía con agua con cloro. El chile no toca el piso. Los trabajadores usan redecillas para el cabello y delantales.

El chile se muele en molinos de acero inoxidable desinfectados que cuestan 15 mil dólares cada uno. Cortinas de plástico cubren los molinos para que no se meta el polvo. Los molinos que las compañías más pequeñas usan cuestan 2,000 dólares y no tienen las mismas medidas de seguridad. El chile sale de este lugar en bolsas etiquetadas, por si hay un problema, se puede rastrear el chile. Después, se le manda a un laboratorio en la Ciudad de México para que se le cheque si tiene plomo, bacteria u otros problemas.

Este no es cualquier chile. Es chile dirigido hacia los Estados Unidos. Pero eso no impide que dulces contaminados con plomo acaben en las manitas de los niños del Condado de Orange.

Los reporteros William Heisel y Keith Sharon de The Register contribuyeron a este reportaje.

 


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