Honduras: Duele el boicot de
los melones
POR JORGE RAMOS
Columnista Sindicado
| |
|
|
Jorge Ramos
/ Columnista sindicado |
04/04/08. Nunca me había
tocado una entrevista que terminara con un presidente
comiéndose un melón.
He escuchado a Hugo Chávez compararse con Jesucristo
y con Bolívar. Fidel Castro alguna vez trató
de ponerme el brazo sobre el hombro mientras yo trataba
de preguntarle sobre la falta de democracia en Cuba.
Al entonces candidato presidencial George Bush se le
caían los hielos de un vaso con refresco mientras
me prometía, sonriente y despreocupado, un acuerdo
migratorio con México. Y el ex presidente de
República Dominicana, Hipólito Mejía,
me recibió con un yogur que tuve que comerme
antes de hacer la primera pregunta. Sin embargo, lo
que me ocurrió con el presidente de Honduras,
Manuel Zelaya, es nuevo.
La historia comenzó con la decisión de
Estados Unidos de suspender las importaciones de melones
de una empresa hondureña. Según la Administración
de Alimentos y Medicinas (FDA por sus siglas en inglés),
medio centenar de norteamericanos enfermó por
comer melones hondureños.
"La fruta de esta firma aparece vinculada con un
brote de salmonela Litchfield en Estados Unidos y Canadá",
aseguró la FDA en un comunicado.
Así se inició el boicot de los melones.
Sin embargo, Zelaya está convencido de que la
acusación no es cierta. “Se tomó
una decisión sin tener pruebas contundentes”,
me dijo, vía satélite desde Tegucigalpa.
“Nosotros vamos a demostrar que es un error el
que se está cometiendo; tienen que rectificar
lo más pronto posible para no seguirle haciendo
daño al país y crearnos un problema de
mala imagen internacional”.
Pero el daño, a corto plazo, ya está hecho.
Montelíbano, la empresa cuyos melones fueron
señalados por la FDA como contaminados, ya despidió
a 1,800 empleados. Si esto no se resuelve pronto, se
van a pudrir los melones que esperan en varios puertos
norteamericanos y habrá pérdidas millonarias.
Además, países como Inglaterra y El Salvador
ya prohibieron, también, la entrada de melones
hondureños.
Si es cierto lo que dice Zelaya y nunca se ha encontrado
una de las 254 cepas distintas de salmonela “dentro
de una fruta como un melón”, entonces ¿pudiera
todo esto tener un origen político? Zelaya visitó
Cuba el año pasado y acaba de firmar un acuerdo
para obtener petróleo de Venezuela en condiciones
muy favorables.
“Es un absurdo”, me dijo el presidente hondureño.
“No los considero tan burdos. (No creo que) estén
tomando represalias ideológicas contra un país
que ha sido aliado durante años de los Estados
Unidos”.
Zelaya es producto de una elección muy competida.
Y por eso le pregunté si él creía
que los cubanos deberían tener los mismos derechos
que los hondureños de vivir en democracia y entrar
y salir a voluntad de su país.
“Así como no cuestionamos a China, ni a
Europa ni a Estados Unidos, tampoco cuestionamos a países
vecinos, a países hermanos, como la república
cubana”, respondió. “Cada pueblo
tiene que darse el Gobierno que quiere darse”.
En Estados Unidos vive más de un millón
de hondureños. La mayoría de ellos no
son legales ni tienen TPS (que es una protección
migratoria especial). Y miles de hondureños más
se siguen yendo cada año. ¿Por qué?
“El sueño americano nadie lo va a poder
controlar, aunque generemos empleo”, me dijo.
Es cierto. Los salarios en Estados Unidos son muy atractivos.
Pero también hay factores internos que expulsan
a los hondureños de su país.
Como candidato, Zelaya hizo campaña prometiendo
una dura lucha contra el crimen y la corrupción.
Aun así, el año pasado la organización
Transparencia Internacional puso a Honduras entre los
países más corruptos del mundo, en el
lugar 131 de 180, y durante su primer año de
gobierno se registró una gran racha de asesinatos.
Zelaya rechaza lo anterior como simples encuestas y
como parte de una campaña de la oposición.
En cambio, resalta “una reducción significativa
de la pobreza, “en mi Gobierno se ha reducido
la pobreza en 6 puntos”, y “un crecimiento
(económico) del 7 por ciento durante dos años”.
Pero de continuar la prohibición norteamericana
contra los melones, la economía de Honduras,
en general, y de los agricultores del sur del país,
en particular, se vería seriamente afectada.
Por eso el presidente ha salido en su defensa.
No es un asunto trivial. En Honduras los melones significan
empleos, ingresos y, sobre todo, la esperanza de no
depender tanto de los 1,800 millones de dólares
que envían cada año los hondureños
desde el exterior.
Por todo lo anterior, Zelaya decidió terminar
la entrevista de una forma muy poco usual. Jaló
una caja de melones, sacó uno, tomó un
cuchillo largo, partió el melón y se lo
empezó a comer a mordidas frente a nuestras cámaras.
"Nadie se está envenenando", me dijo
entre dientes. "Nadie se está enfermando
y Estados Unidos debe volver a comer melones".
La historia no termina ahí. Cuando le preguntaron
al embajador norteamericano en Honduras qué pensaba
sobre el gesto de Zelaya de comer melón por televisión,
su comentario fue mordaz: "Le deseo suerte".
Jorge Ramos es ganador del premio Emmy,
autor de seis libros y conductor
del Noticiero Univision. |
|
|
|
|