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Dentro del mundo del presidente
La evaluación de la guerra en Irak no incluye traer las tropas a casa
 
   
03-21-08. Cinco años después de que comenzara la guerra que nunca debió haber comenzado, es desalentador recordar una vez más que este país está guiado por un presidente terco y desconectado de la realidad. Esta falta de conexión va mucho más allá de su deseo de no desanimar a las tropas que están peleando una guerra que comenzó Bush sin preocupación alguna. Este presidente parece vivir en su propia realidad.
Pero esto está lejos de ser un nuevo problema. Cada presidente estadounidense de la era moderna vive en una nube, rodeado de fieles ayudantes, de los cuales la mayoría sólo buscan darle gusto y no están muy inclinados a decirle algo que saben que no quiere escuchar. El escuchar puntos de vista distintos o malas noticias toma un grandísimo esfuerzo por parte del presidente, y aun mucho más tomar esos puntos de vista en serio. Y este presidente en particular no es muy conocido por darle la bienvenida a cualquier persona que pueda causar problemas.
Así que recibimos el mismo tipo de implacable evaluación de la guerra en Irak que el presidente ha hecho desde el famoso momento de “Misión cumplida” desde un portaviones en el Pacífico. Esa declaración la hizo poco antes de la insurgencia que comenzó a dividir Irak, para la cual el gobierno estadounidense no se preparó (y que no quiso reconocer hasta que fue demasiado tarde), y que hizo una burla de las declaraciones de éxito por parte de los Estados Unidos.
Es cierto que la violencia en Irak bajó un poco a finales de 2007, aunque ha aumentado en la últimas semanas. Pero se suponía que el “aumento repentino” de tropas estadounidenses iba a ser un paso hacia una reconciliación política con Irak, pero incluso el general David Petraeus reconoció que ha pasado muy poco para que esto suceda. De hecho, puede que la reconciliación sea más difícil a causa de los suníes, que han causado problemas a Al Qaeda a costa de poner nervioso al gobierno provisional chií.
Esta situación tan incierta está muy lejos de ser la “gran victoria estratégica en la mayor guerra en contra del terrorismo” que el presidente dice que puede imaginar. Sólo en un universo paralelo.
El gobierno iraquí se va a poner serio acerca de la reconciliación solamente cuando sepa que las tropas estadounidenses no cubrirán sus riñas indefinidamente, y aun así puede que la visión de los Estados Unidos no sea muy viable. El proceso de mandar ese mensaje, y comenzar a sacar a nuestras tropas de ahí no puede pasar lo suficientemente rápido.
 
 
 
 
 
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