CLIMA
TRÁFICO
MAPAS
 

Portada / Editorial


Los seguidores le llaman “Super-Obama”
Columnista Sindicado
 
   
AUSTIN, Texas 02/29/08 - No se puede medir pero se siente. Las 2,000 personas en el auditorio de la Universidad de Texas le aplaudieron mucho más al senador Barack Obama (D-Ill.) que a la senadora Hillary Clinton (D-N.Y.). Al ver las reacciones que provoca, es inevitable sospechar que nos encontramos ante uno de esos fenómenos políticos que ocurren muy rara vez en la historia de un país.

Es cierto que la mayoría de los asistentes al debate presidencial copatrocinado por CNN y Univision eran jóvenes estudiantes, la base esencial de votantes del senador de 46 años. (Clinton tiene 60.) Pero, para sus seguidores es simplemente Super-Obama, el candidato que no se puede equivocar y que viene a cambiar el mundo.

El entusiasmo por este delgadísimo político, de padre nacido en Kenia y madre de Kansas, raya casi en el culto. Si Obama habla, le aplauden. Si toma agua, le aplauden. Y si estornuda, también le aplauden. No exagero: Vea los videos en YouTube.com.

Esto explica, en parte, por qué ha ganado las últimas 10 elecciones primarias del Partido Demócrata y por qué pudiera colgarse de la nominación presidencial si gana en Texas y Ohio el próximo martes 4 de marzo.

Pero sería injusto decir que se trata, únicamente, de una cuestión de carisma, retórica e inspiración.

Su experiencia en el gobierno es mínima, cuatro años en el Senado, si se le compara con la de cualquier otro precandidato presidencial. Sin embargo, es precisamente su poco bagaje y su frescura lo que lo convierte en un personaje tan atractivo para los votantes.

Barack, y a muchos resulta cómodo llamarlo por su primer nombre, parece no tenerle miedo a nada. Es un joven como cualquier otro. Y aunque está mucho más cercano a mi edad (49), lo siento perfectamente conectado a la generación de mi hija de 21.

Su mensaje es tan claro y sencillo que todo el mundo se lo sabe: cambio, cambio, cambio. Promete romper con el pasado y tender puentes hacia el futuro y el resto del mundo. Su contrincante, Clinton, lo acusa de hablar mucho y de ofrecer pocas soluciones concretas. Y a los periodistas nos acusan por no presionarlo más en las entrevistas y ser demasiado complacientes con él.

La realidad es que Obama tiene un fino oído, sabe leer bien lo que quiere el país, y últimamente ha llenado sus discursos, ¿sermones?, con muchos más detallitos. A pesar de su fama de idealista, es un político fieramente pragmático. Clinton lo ataca y él, en lugar de contestar el ataque, prefiere apuntar sus críticas al virtual candidato presidencial del Partido Republicano, John McCain. Es una estrategia inteligente. Aunque todavía está lejos de la nominación, le está sugiriendo a los votantes: A Clinton ya le gané y ahora hay que apuntar en otra dirección.

Se nota que Obama ya está pensando en cómo ganarle a McCain. A pesar de ser uno de los senadores más liberales del país, ahora se está yendo hacia el centro, donde está la mayoría de los votantes en unas elecciones generales, y está demostrando mucho más cautela.

Tres ejemplos:

1. Dice que se reuniría, sin condiciones previas, con el nuevo líder de la dictadura cubana y permitiría que los norteamericanos viajen a la isla y envíen más dinero. Pero no levantaría el largo embargo económico contra Cuba.

2. Dice que buscaría la legalización de los 12 millones de indocumentados durante su primer año de gobierno. Pero votó a favor de extender el muro en la frontera entre México y Estados Unidos.

3. Dice que sacaría a las tropas norteamericanas de Irak. Pero aprovecha cada oportunidad para resaltar el sacrificio y patriotismo de los soldados que luchan allá.

Resulta difícil creer que en un país marcado por décadas de esclavitud, seguidas por décadas de segregación y racismo, y en el que aún se pelea todos los días contra la discriminación, el color de piel de Obama haya pasado a ser un asunto secundario. Por eso la candidatura de Obama sugiere un nuevo clima de apertura en Estados Unidos. Y soy testigo de ese cambio.

Es verdad que la imagen de Estados Unidos está muy desgastada en el mundo por la innecesaria, costosa y violentísima guerra en Irak, y por las flagrantes violaciones a los derechos humanos en las cárceles de Abu-Ghraib y Guantánamo, entre muchos otros asuntos.

Pero hay que reconocer un altísimo grado de apertura y tolerancia cuando un inmigrante, como yo, se puede presentar en un debate en televisión nacional a hacerle preguntas en inglés (y en español) a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.

Hay vientos de cambio.

Jorge Ramos es ganador del premio Emmy, autor de seis libros y conductor del noticiero Univisión

 
 
 
 
 
Mapa del sitio | Políticas de Privacidad | Términos legales