La mano del ‘Gran Hermano’ en nuestro termostato
Por Mark Landsbaum / Columnista de Excélsior
01/25/2008- Considerando que el estado ya le dice a la gente lo que debe pensar (crímenes motivados por odio), regula lo que los estudiantes deben comer (nada de grasas hidrogenadas o “trans fats”), restringe por donde conducen los automovilistas (carriles de uso compartido o car-pool), obliga a que mucha gente pague por lo que no quiere (escuelas públicas) y limita dónde se puede inhalar humo de cigarro (en restaurantes no), probablemente no es una gran sorpresa que el siguiente gran plan de los burócratas de Sacramento fuera controlar los termostatos de los hogares californianos.
Aparentemente, finalmente Sacramento se pasó de la raya. Según informó el Los Angeles Daily Newspaper: “Ante las críticas y el miedo de que se aumente el control sobre la vida de los californianos, el estado ha revelado un plan que le permitiría a las compañías utilizar señales de radio para decidir la temperatura dentro de los hogares”.
Vaya. Estamos agradecidos por las pequeñas bendiciones.
La Comisión de Energía de California buscaba reducir la necesidad de electricidad y lo quería hacer forzando a que los residentes instalaran “termostatos programables” que podrían ser controlados. Los burócratas decidieron (noten que no se tomó voto ni de los ciudadanos, ni de los legisladores) que cualquier edificio nuevo debería incluir termostatos controlables para permitirle a las compañías de energía controlar el aire acondicionado y la calefacción durante “emergencias” energéticas.
Mientras se iba corriendo la voz, la oposición creció. La comisión comenzó entonces a retroceder. La semana pasada la agencia se deshizo del plan por completo, eliminándolo de su edición de 2008 para cimentar estándares de eficiencia energética.
“Ir a los hogares y controlar termostatos no es trabajo del estado”, dijo el asambleísta demócrata Lloyd Levine.
La regulación no incluía excepciones por temas de salud o de seguridad y ni siquiera daba una definición clara acerca de lo que sería considerada una “emergencia”, según el periódico North (San Diego) County Times. La proposición requería que se instalaran mecanismos permanentes. Estos mecanismos causaron oposición por parte de la industria de la construcción, al igual que por parte de los consumidores.
“Es repugnante y completamente inaceptable obligar al consumidor a perder el control sobre un mecanismo que se instalaría obligatoriamente en su hogar”, escribió Michael Shames, director ejecutivo del grupo Utility Consumer Action Netwok, un grupo que lucha por los derechos de los consumidores de servicios públicos.
“Este leguaje tiene implicaciones orwellianas”, dijo Shames en Word Net Daily.
Por lo menos ahora los californianos pueden subir o bajar la temperatura ellos mismos. Pero quizá deberíamos preguntarnos qué otras ideas como esta podrían tener. Como la Asociación Industrial Riverisde Building le dijo al North Country Times: “Esto no es tan diferente de las voces que hemos escuchado de las agencias de agua… donde si alguien usa demasiada agua la agencias pueden controlarlo. En realidad esto va muy adentro de cómo el gobierno controla nuestras vidas”.
|