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Un plan malo de corazón
/ Columnista de Excélsior
 
   
01/14/2007- ¿Dónde está la indignación?

Los activistas de todo tipo se hacen esta pregunta frecuentemente cuando quieren expresar indignación con algo que sus adversarios políticos están tratando de hacer. ¿Dónde está la indignación con la Administración Bush en la guerra de Irak?, se preguntan los demócratas. ¿Dónde está la indignación con el aumento de impuestos?, se preguntan los republicanos. Sería un gasto de energía dirigir demasiada atención a lo que está pasando en Washington. Pero tal vez no sea un gasto ver lo que está pasando en nuestro propio ayuntamiento.

¿Dónde está la indignación?, me pregunto yo, con respecto al último plan que tiene la ciudad de Santa Ana para reconstruir el corazón de la ciudad y basarlo en un plan de renovación urbana igual que muchas otras ciudades. ¿Por qué no hay más residentes de Santa Ana enfurecidos con este plan cuidadosamente creado para sacar a negocios bien establecidos y reemplazar vecindarios familiares con condominios y complejos de apartamentos? ¿Por qué los residentes de Santa Ana no han reaccionado al hecho de que la ciudad esté tratando de aburguesar la zona, reemplazando la atmósfera mexicanizada de la ciudad con una clientela yuppie?

¿Dónde caramba está la indignación?

Pues, yo encontré alguna de esta indignación en una reunión en las oficinas del senador Lou Correa a principios de diciembre, donde 43 personas, la mayoría dueños de negocios y activistas comunitarios, comenzaron a trazar un plan para saber qué hacer con lo que la ciudad está llamando, “Renaissance Plan” (El plan del Renacimiento). A pesar de promesas falsas por parte de las autoridades del municipio que dicen que el plan no sacará a los negocios, todos aquellos que asistieron a la junta entienden que, de hecho, el proyecto significa la ruina para ellos.

Es difícil imaginar que el renacimiento de Santa Ana esté basado en un plan de viviendas de alta densidad. Y asumiendo que los que están planeando este cambio estén en lo correcto en su visión de Santa Ana en 10 o 20 años, se sigue ofreciendo la misma idea de plan centralizado. Yo lo llamaría, “El plan para forzar la aristocracia” o “Plan para sacar buenos negocios de nuestra ciudad y mandarlos a Rialto”, o como una persona lo describió sarcásticamente, “El plan para sacar a los pobres mexicanos de Santa Ana”.

El Congress for the New Urbanism (CNU) es un grupo que promueve la vida urbana y explica que “el centro histórico de Santa Ana se está transformando (…) Un nuevo plan fue creado en un sesión de seis días. El plan utiliza 10 zonas, 12 calles y 11 tipos de edificios. Por medio de este esfuerzo los tres vecindarios y los tres distritos del área se reunificarán en una sola ciudad central”.

Hay suficiente información en estas pocas líneas para levantar varias dudas. Santa Ana, como muchas otras ciudades en la nación, ha sido cicatrizada por planes de renovación que allanaron vecindarios que una vez fueron prósperos. Pero es ridículo pensar que los errores pasados de los planificadores urbanos dan la autoridad a los urbanistas de ahora para poner en marcha sus “nuevas y mejores ideas”.

Hace poco planificadores de la costa este visitaron la ciudad de Westminster y decidieron que Little Saigon debería ser reconstruido y debería simular Time Square. Las autoridades de la ciudad fueron lo suficientemente sabias como para decir “gracias pero no”. Pero en Santa Ana las autoridades parecen estar avanzando con el plan.

En Santa Ana el CNU describe el plan como “estatus regulatorio” y dice que lo ejecutarán “a base de código”. Todo esto es lenguaje de planificadores para decirle al gobierno que le debe decir al vecindario que esta renovación “debe” pasar.

La ciudad definitivamente quiere poner a 175 negocios bajo la clasificación de “inconformismo”. Eso es como el beso de Judas para cualquier negocio. Bajo esta ley, los negocios no podrán expandir sus instalaciones. Después de un terremoto o de un incendio los dueños no podrán reconstruir sus negocios. Si por alguna razón, el edificio es abandonado, no podrá ser utilizado para su uso previo. Los planificadores han adquirido una inmensidad de poder. La meta es sacar a los dueños de negocios lo más pronto posible.

“Me siento muy orgulloso de Adams Iron y de lo que sus trabajadores han logrado en los últimos 30 años”, dijo Bob Adams dueño de Adams Iron. “Comenzamos prácticamente sin nada en un pequeño edificio en la calle Logan y crecimos hasta cumplir el sueño americano. Siento que nuestro sueño y todo por lo que hemos trabajado está amenazado por los planes de la ciudad”.

Adams me mostró un mapa donde se ven los altos edificios que ocuparían la ciudad y una cancha de futbol en lugar del negocio de Adams. El mismo negocio que le da trabajo a más de 80 personas que ganan hasta 30 dólares la hora y reciben beneficios de salud completos por parte de la empresa. Irónicamente, el plan de renacimiento dice que mejoraría las oportunidades de empleo “para las personas que quieran vivir en el centro”. Pero el plan destruiría los buenos trabajos que hay ahora. La verdadera meta del plan es proveer “oportunidades culturales y servicios de venta al por menor” para los 13,000 trabajadores del gobierno y para los nuevos residentes preferidos.

Irónicamente el plan explica que “el patrimonio de la comunidad necesita celebrarse para expresar y disfrutar de este aspecto tan importante de la vida diaria. A menudo, cuando las comunidades se olvidan de su pasado, pierden su significado cultural y se enfrentar a diluir del todo su futura identidad.”

Pero Santa Ana ya tiene una rica cultura, representada por la Fiesta Marketplace del centro de la ciudad y sus vecindarios étnicos. El plan es el que amenaza con quitarle toda esta cultura a Santa Ana.

En realidad no me molestan los altos edificios, ni el ambiente urbano. No me estoy quejando por las metas. Me estoy quejando por que se están basando más en lo que necesita el gobierno que en lo que necesita el mercado. El mercado se ajusta a los cambios y en una sociedad libre debería ser decisión de los dueños de estos negocios si quieren cambiar.

La agencia que se está encargando del plan ya está adquiriendo hogares, los está destruyendo y está animando a los planificadores a crear condominios.

Un activista comunitario durante esta junta dijo: “La ciudad está intentando crear más viviendas, pero la gente que vive ahí ahora no podrá pagar por ellas”.

“Parece un plan de renacimiento”, dijo el senador Correa. “El gobierno está planeando todo y decidiendo lo que está bien y lo que no está bien. Ninguna de estas personas está siendo informada… este proyecto me preocupa mucho”, dijo Correa. Y está en lo correcto, pero esto no es solo preocupación, es indagación.
 
 
 
 
 
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