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Una latina que luchó por su propio futuro
/ Columnista de Excélsior
 
   
01/18/2008- Nydia Durazo creció en Santa Ana, en un vecindario donde las pandillas se reunían en un parque cercano, donde los estudiantes encontraban preservativos usados y jeringas en el patio de recreo. En un vecindario donde para cuando los estudiantes llegaban a la preparatoria algunos de sus compañeros ya estaban usando metanfetaminas.

Sólo una de las amigas de Durazo fue a la universidad. Dos se embarazaron, una no terminó la escuela y otra se graduó y encontró trabajo de recepcionista.

“A muchas de las niñas les enseñaban que su valor está en el aspecto que tienen y cómo se visten”, dijo Durazo de 21 años. “Nos enseñan a cuidar de la familia y a ser sexys. Y todo esto no deja tiempo para la excelencia académica”.

¿Y como es que, a diferencia de sus amigas, Durazo logró graduarse en el Scripps College y estudiará derecho?

Un informe de Centro de Investigación de Estudios Chicanos de la Universidad de California, Los Ángeles, encontró que las mujeres latinas no tienen el mismo acceso a programas de educación avanzada. Esta es una de las razones por las cuales hay un muy bajo porcentaje de latinas que logran graduarse de universidades, según el informe.

Durazo, demostró mucho potencial desde pequeña. Durazo comenzó en el jardín de infancia como una estudiante que sólo hablaba español en una clase bilingüe. A mitades de año fue transferida a una clase normal.

Como estudiante en la escuela elemental Fremont de Santa Ana, Durazo sacaba sólo excelentes en sus calificaciones y salía adelante en el programa avanzado de su escuela. Ahora, al recordar su situación, no sabe porqué no hay más estudiantes que tienen la misma oportunidad.

“Fomentó mi confianza como estudiante”, dijo Durazo. “Tengo problemas con muchas de las cosas que me beneficiaron mucho del sistema de educación avanzada porque es un reflejo de cómo hay muchos estudiantes que no están recibiendo ayuda”.

Cuando llegó a la escuela secundaria de Spurgeon, Durazo dice que se sentía fuera de lugar y que sus calificaciones bajaron. Había muchos estudiantes en una sola clase y los maestros tenían una actitud apática.

“Tenían esa actitud como de: ’ya me di por vencido con estos niños’”.

Fue durante este tiempo que su hermano mayor, Arturo Durazo, se convirtió en una gran influencia en la vida de su hermana y comenzó a asistir a las reuniones de maestros junto con la madre de Nydia, Teresa Durazo.

Nydia comenzó a mejorar en sus calificaciones y cuando llegó al séptimo año tenía sólo excelentes en sus calificaciones.

Después de un tiempo, y con la ayuda de un maestro y de su hermano, Nydia solicitó la entrada a la escuela secundaria de Villa Fundamental y fue aceptada.

Teresa viajaba todos los días con su hija en el autobús de un lado de Santa Ana al otro para asegurarse de que llegara a la escuela segura y después tomaba otro autobús a Huntington Beach donde limpiaba casas.

“Toma esa clase de participación por parte de los padres para que sus hijos se den cuenta de que todo vale la pena”, dijo Nydia.

Según Durazo, en Villa el ambiente es mucho más positivo y animan a que todos los estudiantes asistan a la universidad. También hay programas escolares que están diseñados para ayudar a que los estudiantes salgan adelante con éxito.

“Estos estudiantes siguen sus estudios y llegan a la universidad; se gradúan y regresan a esta ciudad para ser miembros productivos de Santa Ana”, explicó la consejera escolar María Colmenares.

Imagínense lo que podría pasar si más estudiantes latinas tuvieran más acceso a recursos como este.

¿Creen que las amigas de Durazo se hubieran convertido en madres adolescentes?

Yvette Cabrera es presidenta de la Asociación de Noticias Chicanas de California y escribe acerca de la comunidad latina en el condado de Orange.
 
 
 
 
 
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