Que el miedo no nos detenga
Por Yvette Cabrera / Columnista de Excélsior
01/11/2008- Fue un enero de hace unos 20 años cuando Jan y Leonard Shreenan comenzaron su aventura, sólo ellos dos en su yate de 55 pies de largo y hacia la inmensidad del Océano Pacífico que los rodeaba.
Las cosas hubieran sido diferentes si Jan no hubiera aceptado la invitación de Leonard de navegar por el océano durante casi dos años, pero durante ese tiempo Jan no sabía lo que el futuro le deparaba a Leonard.
Hacía años que Leonard, un marinero de corazón, había soñado con navegar por el mundo entero, y desde que Jan lo conocía, Leonard hablaba del día en qué navegaría los mares. Finalmente, un día, dijo que ya era tiempo.
“Dijo: ‘he decidido que me voy. Puedes venir conmigo si quieres... quiero ir ahora que aún puedo disfrutarlo, y cuando regrese recogeremos las piezas’”, recuerda Jan mientras hablamos en su casa móvil de Huntington Beach.
Jan estaba dividida por el hecho de dejar su vida atrás, más específicamente a su madre enferma.
Con el principio de este 2008, sé que hay muchas personas, incluyéndome a mí misma, que se han dispuesto alcanzar ciertas metas al final del año.
El problema es que muchas veces, la vida se interpone. Después de tan sólo unos meses esas resoluciones desaparecen y se entierran bajo nuestra larga lista de ‘cosas que hacer’, las facturas, declaraciones de impuestos, el trabajo y la lista sigue.
Así que fui a la casa de Jan para que me recordara lo que puede pasar cuando te tomas la oportunidad de seguir tus sueños.
La situación de Jan nos demuestra que las decisiones como esta nunca son fáciles. La madre de Jan tuvo un derrame cerebral y estaba parcialmente paralizada, llevaba un marcapasos y un tracto urinario artificial.
“Pensé que no era buen momento para salir del país”, dijo Jan, que durante ese tiempo tenía 54 años.
Pero también sabía lo importante que este sueño era para Leonard y que nunca sería un buen momento. Él tenía 60 años y había trabajado en la construcción durante más de 35. Pero el mar le llamaba. Y fue así como Jan decidió dejar su trabajo de secretaria y ser la primera tripulante de su esposo.
Pero seguía teniendo sentimientos contradictorios mientras zarpaban para México en enero de 1986.
“Mientras íbamos de camino para allí yo pensaba: ‘Dios mío, qué voy a hacer en este yate durante un año’, tenía tanto miedo”, dijo Jan.
Tenía miedo, pero no quería dejarlo.
Cuando le pregunté qué es lo que ella cree que nos impide alcanzar nuestros sueños, su respuesta fue rápida.
“Miedo”, dijo Jan. “No saber qué es lo que el futuro guarda para nosotros, y qué consecuencias puede haber. Creo que hay que ser muy aventurero para emprender el camino sin saber en realidad hacia dónde vas”.
No le tomó mucho tiempo darse cuenta de que había tomado la decisión correcta.
La Paz, Cabo San Lucas, San Blas, Mazatlán, Manzanillo. Viajaron a lo largo de la costa del Pacífico de México, echando el ancla donde quisieron. Cuando Jan y Leonard estaban en la Paz, Baja California, el capitán del muelle tocó a su puerta. La madre de Jan había muerto.
“Nunca me sentí culpable”, dijo Jan. “Estaba totalmente destrozada, yo era una de esas niñas que pensaba que mi mamá viviría para siempre”.
Pero después del funeral, viajó de regreso para reencontrarse con Leonard. En total se pasaron un año en La Paz y aproximadamente nueve meses en el resto de la costa mexicana. Durante ese tiempo Jan viajó dos veces a su casa y las dos veces lloró cuando dejaba su yate.
“Fue el tiempo más feliz de mi vida. De verdad que no me arrepiento de nada, lo haría todo de nuevo en un segundo”, dijo Jan. ‘El día que me fui para regresar a casa dije: ‘¿Dónde ha ido a parar este año?’”.
Mientras tanto Leonard era un hombre transformado. Era “muy, muy feliz” dijo Jan, parecía que había satisfecho su curiosidad, sus deseos. Tres años después, cuando los Shreenan regresaron al condado de Orange, Leonard fue diagnosticado con Alzheimer y después de un tiempo no podía recordar nada.
Ahora, Jan dice que sabe que si no hubieran viajado ese año jamás lo hubieran podido hacer.
“Me acuerdo del viaje mucho y estoy muy feliz de que lo hiciéramos porque nunca sabes lo que puede pasar mañana”, dice Jan, que ahora tiene 74 años.
Leonard murió hace siete años, el yate se vendió. Jan tienen bronquitis crónica, pero en la línea de cuadros de faros que cuelgan de su pared también cuelga una foto de su yate. Cada día, cuando lo ve, llegan los recuerdos.
“Nos divertimos mucho con todos nuestros amigos, pero hubo un acercamiento entre los dos que creció desde que tomamos ese viaje juntos” dijo Jan.
Así que su simple consejo para todos nosotros en este año nuevo es hacer que nuestros sueños se hagan realidad.
“Cualquier cosa que sea que te esté llamando la atención”, dijo Jan. “Disfrútalo porque el mañana tal vez no llegue”.
Yvette Cabrera es presidenta de Asociación de Noticias Chicanas de California y escribe acerca de la comunidad latina en el condado de Orange
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