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La falta de libros inspira a profesora de UCI

Columnista de Excélsior
 
   
04/11/08. Hace tres años, cuando la Academia de Artes Educacionales del Condado de Orange (OCEAA por sus siglas en inglés) se inauguró en Santa Ana, se hizo un sorprendente descubrimiento.
La escuela estaba en el proceso de solicitar becas y realizó una encuesta entre los padres acerca del número de libros que les leen a sus hijos, les pedía el título del libro preferido de sus hijos, ¿el resultado?
? “Ninguno de los niños tenía libros en casa”, dijo Robin Romain, uno de los padres que donó su tiempo para el proyecto.
Tres años después de estos resultados los padres colectaron aproximadamente 4,000 libros usados de tiendas de segunda mano, garage sales, y tiendas de libros usados. Pero para una escuela que tiene más de 500 estudiantes estos libros no han causado suficiente impacto como para lograr cambiar la actitud de los niños hacia la lectura.?
Hay muchos obstáculos. Por un lado, la mayoría de los libros no son muy contemporáneos. La mayoría son de los ochenta.
Hasta hace poco, la escuela no tenía el suficiente dinero para comprar un sistema de recuperación de datos en sus bibliotecas, así que les permitía a los estudiantes que se llevaran los libros bajo el sistema de “honor”, sólo les pedían la promesa que los regresarían.
Pero de un tiempo para acá se han dado cuenta de que muchos de estos niños están malparando los libros derramando refresco sobre ellos y ensuciándolos, algo aún peor, Romain se dio cuenta de que muchos de estos niños usaban sus libros para deslizarse sobre de ellos como si fueran patines.
“No hemos podido animar a estos niños a que lean porque no tenemos buenas cosas que leer y creo que esa es una gran pérdida”, dijo Romain. “Nosotros sabemos que un libro le puede cambiar el mundo a un niño”.
? Rebecca Constantino, profesora en La Universidad de California en Irvine (UCI) conoce bien los obstáculos que tienen las escuelas de California.?
En 1994, Constantino estudió la disparidad en el acceso a libros entre los niños de comunidades con bajos recursos del área de Los Ángeles, sus resultados fueron similares a los resultados que OCEAA ha encontrado en sus estudiantes.
Constantino comparó el número de libros en bibliotecas escolares y públicas, en los hogares de los estudiantes y en las aulas de escuelas de Beverly Hills, Compton y Watts, y descubrió que los niños de Beverly Hills tenían acceso a 400 veces más libros que los niños en comunidades de bajos recursos.
“Nos preguntamos por qué estos niños no saben leer bien. Es que no tienen qué leer,” dijo Constantino, que es maestra de teoría de adquisición de lenguaje en UCI.
Para Constantino estos números eran una vergüenza y decidió hacer algo. Cuando se dio cuenta de que la escuela Brentwood iba a tirar libros de la biblioteca para hacer espacio para libros nuevos, ella convenció a la escuela de que le regalara esos libros, llenó el maletero de su auto con ellos y los entregó a una escuela en Compton.
En una semana, ya se había regado la voz, y Constantino había comenzado a recibir llamadas de escuelas que querían donar libros, y otras que querían recibirlos.
“Si queremos que nuestros niños lean es nuestra responsabilidad proveer acceso a libros, y si vives en una comunidad de bajos recursos el mejor vaticinador es la calidad de la biblioteca escolar”, dijo Constantino.
Romain solicitó una donación de libros hace tres años pero la lista de espera de escuelas que necesitan libros es de 70, Constantino dice que el problema más grande es encontrar donantes.
A las escuelas no solamente les hacen falta libros, también les hacen falta bibliotecarios con credencial. El 85 por ciento de las escuelas en California no tienen bibliotecarios con credenciales y en el condado de Orange y en sus 600 escuelas hay menos de 80 bibliotecarios con credenciales, dijo Richard K. Moore, un bibliotecario retirado que ahora trabaja de relaciones públicas para la Asociación de Bibliotecas Escolares de California.
Las estadísticas han levantado aun más dudas, como si el sistema escolar hubiera establecido prioridades correctas. En esta época de puntuaciones, ¿No sería bueno regresar a lo básico? Como Constantino explicó: La alfabetización es la fundación del aprendizaje.
“Creo que el problema más grande es que necesitamos hacer la lectura parte de la escuela y hacerlo divertido e interesante”, dijo. “Esto comienza con tener una buena biblioteca”.

Yvette Cabrera es presidenta
de La Asociación de Noticias
Chicanas de California y escribe acerca de la comunidad latina
en el condado de Orange.

 
 
 
 
 
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