Naufragan las Águilas
Si lo permitiera el reglamento,
América se hubiera salido ya del torneo
Por Francisco Valverde /
Editor de Deportes
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El América
entrenándose. (Agencia Reforma) |
04/11/08. Si el reglamento
lo permitiera, a estas alturas el barco amarillo hubiera
izado las velas en franca retirada hacia mares más
tranquilos.
Hoy las aguas en que navega son intempestivas, azarozas
y tormentosas.
El poco orgullo que queda y la obligación por
seguir con las reglas establecidas no lo dejan partir
hacia lugares más tranquilos.
Hoy, el águila herida que deambula en las profundidades
de la tabla tarde quiere enderezar el rumbo.
Una salida decorosa en esta cadena de derrotas que parece
que se perpetua es casi imposible.
Implorar por la aparición de un milagro al santo
de su devolción está más complicado
que decifrar jeroglíficos egipcios, sin ser arqueólogo,
en tablas de arena de la época de Tutankamon.
¿Qué le pasa al América?
Otra vez, como se ha dicho en infinitas ocasiones, parece
que el dinero no es todo en la vida.
Las malas decisiones han acabado con los plumíferos
o los emplumados, como usted estimado lector guste ahora
llamarlos, porque el apelativo de águilas ya
les queda muy chico.
No hay paciencia en el nido. Se buscan los resultados
rápidos, se corta la continuidad de un proyecto
llevándose en el arrebato de las decisiones tomadas
al vapor a buenos jugadores.
Ha llegado la hora de los arrepentimientos en Coapa.
Directivos, gente de pantalón largo y afición
echan de menos a elementos que en antaño eran
claves en el equipo.
Por ejemplo, dónde está Pepino Cuevas,
“El Piojo” López, Memo Blanco o Vuoso,
hombres que se pusieron la casaca amarilla hace apenas
unos meses.
Bueno ellos están rompiendo redes en sus respectivos
equipos.
Brailovski, que vino a suceder a Fernando Tena en el
timón amarillo y que barrió con la defensa
finiquitando a Rojas y a Davino, no tapó el hueco
que ahora hace ver mal al joven maravilla Memo Ochoa.
Y todo esto no hace más que reflejarse en la
pérdida de la moral en jugadores y aficionados.
Desafortunadamente el sufrimiento no acaba hasta que
termina el torneo y el barco amarillo seguirá
siendo averiado.
O usted, estimado lector, ¿qué opina?
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