Su arrogancia lo acabó
Hugo sale por la puerta trasera
by Armando Brown
/ editor de deportes
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Armando Brown
/ Excelsior |
04-04-08. No fue sacrificado
por la sed maldiciente de venganza, ni como remomoranza
actual del exagerado rito sagrado azteca de sacar el
corazón a una persona viva en ofrenda a Huitzilopochtli,
en la gran Tenochtitlán de la época clásica.
Para quedar bien con los dioses, para no hacerlos caer
en arrebatos incontrolables que tuvieran sus peores
consecuencias en las indeseables sequías que
mataban de hambruna a más de la mitad del pueblo,
los aztecas calmaban a los seres divinos con sangre
humana.
En días pasados Hugo hablo de esta añeja
tradición precolombina dando a entender que todavía
se encontraba enraizada en el México moderno,
porque se buscaba ver sangre, sangre suya por su fracaso
al mando de la selección azteca.
Sánchez no quería que en vida le arrancaran
el corazón, deseaba ser beneficiado con un salvoconducto
que evitará el horrendo crímen de ser
exhibido públicamente por su incapacidad e ignorancia
que sustentó a lo largo de un año con
sus mentiras y sueños guajiros.
Soportar a un tipo arrogante por varios meses, falso,
que se alimenta del pasado glorioso como jugador, que
obtuvo el diploma de entrenador en un curso de horas
en Nicaragua, que desparrama arrogancia, tiene sus límites.
Afortunadamente, la verdad siempre sale a flote. Hugo
no tuvo una salida decente del Tri, los sacaron por
la puerta trasera despojado de sus ínfulas de
intocable.
Que esta sea una lección en su vida, que le ayude
a ser honesto, que lo devuelva al nivel terrenal, a
donde pertenece, porque ya hay Tlalocs, Tezcaltilpocatls,
Chalchihuitlicues y Tonathius.No se necesitan más
dioses.
Y que no siga pensando en que fue víctima de
un sacrificio porque su soberbia fue la causa de su
caída. Aquí nadie se manchó de
sangre, él mismo vomitó su arrogancia
y con ella se ahogó.
Hugo es digno de misericordia.
Para colmo de su tragedia, quienes lo apoyaron en su
nominación a la dirigencia del Tri, Justino Compeán,
dirigente de la Federación Mexicana de Futbol
y Decio de María, hoy le dan la espalda, reafirmando
una vez más que la lealtad no existe y que todo
es un juego de intereses, en el que la dignidad, o mejor
dicho lo que queda de ella, se vende al mejor postor.
Hoy queda nadamás pedir por un técnico
que no sea mentiroso, que no venda triunfos en los años
venideros, en otras palabras más sencillo y humano,
y que tenga las credenciales, verdaderas por su puesto,
para llevar al Tri por mejores senderos.
O usted, estimado lector, ¿qué piensa
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