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(Joshua Sudock/The Register)
A Rohan Coombs, un ex marine de 45 años que sirvió en la Guerra del Golfo Pérsico, se le razgan los ojos mientras habla de la muerte de su esposa que murió mientras dormía y el trabajaba. Coombs dice que había dejado las drogas y el alcohol cuando la conoció. Volvió a esos vicios cuando murió y actualmente está luchando para no ser deportado a Jamaica.

Ex marine de Tustin lucha contra su deportación a Jamaica

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Reportera de Excélsior

Después de la guerra, muchos hombres y mujeres militares regresan con trastorno de estrés postraumático y ni siquiera lo saben. Rohan Coombs, de Tustin, y su amigo y compañero James Davis, de Placentia, dijeron que les pasó eso mismo a ellos.

Los dos cabos marinos fueron a la guerra juntos, arriesgando sus vidas en el Golfo Pérsico en 1991. Ambos se volvieron adictos a la bebida y las drogas después, en un intento por borrar lo que oían y veían. Como resultado de ello, dijeron, ambos se enfrentaron a la ley.

Pero sólo uno de ellos se enfrenta ahora a la deportación.

Seis meses antes de que él fuera dado de alta, James Davis le dio una paliza a un miembro de una banda que, según dijo, lo estaba mirando de una manera amenazante en un club de Irvine. Le disparó al hombre al salir corriendo.

Sabía que iría a la cárcel.

“Si yo no fuera un ciudadano, habría sido deportado... definitivamente”, dijo Davis, quien nació en este país.

Eso es lo que le pasó a Coombs, quien llegó a Estados Unidos legalmente desde Jamaica a la edad de 13 años.

Coombs se retiró con honores en 1991, tras cinco años de servicio, pero se alistó de nuevo. Él dijo que quiso regresar porque estaba pasando un momento difícil para adaptarse a una vida sin guerras, incluso cuando aún estaba en el servicio. Recibió una baja deshonrosa en 1993, después que fue llevado a corte por posesión y venta de cocaína y marihuana.

Su esposa murió en 2000 y volvió a las drogas.

Las autoridades arrestaron a Coombs en 2006, 2007 y 2008 en el condado de Orange, por posesión para consumo o venta de marihuana, lo que en última instancia condujo a su deportación inminente.

Davis dijo que su amigo merece permanecer en los Estados Unidos y lo llamó un líder en la Infantería de Marina.

“Él es como un gentil gigante que le habla bien y lo mira a uno a los ojos, al tiempo que se nota su pasión”, dijo Davis. "Usted sabe que se trata de una buena persona cuando habla con él."

Mientras que Davis ha superado sus problemas y abrió su propia peluquería en Irvine, Coombs está luchando contra su deportación en El Centro, un lugar de detención para inmigrantes. El abogado de Coombs, Robert Barton, dijo que está apelando la orden de deportación ante el Noveno Tribunal de Circuito de Apelaciones, argumentando entre otras cosas que Coombs recibió un mal consejo legal acerca de las consecuencias de declararse en posesión para la venta de marihuana.

La portavoz de Inmigración y Aduanas, Lauren Mac, dijo que la agencia ha revisado el caso de Coombs, y no ejercieron la discreción del fiscal a causa de sus múltiples condenas de tráfico de drogas, por lo menos una de las cuales dio lugar a su baja deshonrosa.

“Sobre la base de antecedentes penales del Sr. Coombs, estaba sujeto a detención obligatoria y su deportación como un criminal agravado”, dijo Mac. “Un juez de inmigración ordenó al Sr. Coombs ser deportado de los Estados Unidos sobre la base de sus antecedentes penales.”

Coombs dijo que sabe que hizo mal, pero que ya ha cumplido condena en la cárcel y no debe ser penalizado con la deportación.

“¿Por qué estoy pasando por esto? Yo soy un ciudadano”, recuerda decirle a un agente de ICE en el año 2008, cuando fue el primero en decirle que podía ser deportado.

Coombs dijo que hizo los trámites de documentación para la ciudadanía de Estados Unidos poco después de alistarse en la Infantería de Marina en 1987, pero sus papeles fueron enviados a casa de su madre y nunca llegaron a su poder porque él estaba en el extranjero.

Dijo que iba a seguir adelante, pero su comandante le dijo algo que lo hizo cambiar de opinión.

“Ustedes son propiedad del Gobierno de Estados Unidos, lo cual te hace un ciudadano”, dijo Coombs, que le dijeron.

Los funcionarios del Cuerpo de Marina dijeron que ellos dejan claro a los hombres y las mujeres en servicio que no son ciudadanos, que no reciben la ciudadanía automática al alistarse en la Infantería de Marina.

Coombs dijo que nunca fue tratado de forma diferente a un ciudadano de los Estados Unidos, debido a su servicio militar.

“Donde quiera que iba, nunca se puso en duda mi ciudadanía”, dijo.

Esta es la tercera nota de la serie de veteranos y la deportación. Excélsior seguirá publicando más notas acerca de esta serie en las próximas semanas


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