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(Fotografía cortesía de Karen Tapia/Para el Register)
Beverly Nicholas, una enfermera jubilada ha utilizado fundas y otros materiales donados para hacer más de 200 vestidos, pantalones y otra ropa para una organización no lucrativa que cada año envía ropa a surafrica.

Haciendo la diferencia, un vestido a la vez

Beverly Nicholas necesita mantenerse ocupada y ayudar

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Columnista de Excélsior

No tenía nada qué hacer.

Era, dice Beverly Nicholas, así de simple.

Ella había sido enfermera durante 68 años, desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno la había sacado de la escuela, la convirtió en una enfermera cadete y la ubicó en Oakland, donde pasó la guerra tratando a las tropas que habían sido gravemente heridas en Iwo Jima y en otras partes del Pacífico Sur. Todavía se regocija de esa experiencia.

“En mis tiempos”, dijo, “no había muchos puestos de trabajo para las mujeres, a menos que uno quisiera ser maestra, enfermera o secretaria. Yo nunca pensé solamente en quedarme en casa y cuidar de la niños”.

Ella finalmente se retiró hace tres años, después de décadas en las escuelas de Anaheim y el Departamento de Salud del condado de Orange. Aun así, ella dice, que no estaba realmente preparada para llamar a un profesional.

Cuando se le preguntó su edad, ella es muy específica al respecto: “88 años y medio de edad”, dice.

Todo esto es para explicar ese día en diciembre de 2010. Esa noche estaba ansiosa y aburrida dentro de su casa móvil de Anaheim, viendo el “NBC Nightly News con Brian Williams.”

Él estaba haciendo un reportaje sobre Little Dresses for Africa (que en español sería Vestiditos para África), un programa iniciado por un grupo de misioneros de Michigan que estaban tan conmocionados por lo que habían visto en una pequeña aldea africana, que decidieron que lo menos que podían hacer era proporcionar ropa para los niños en los orfanatos, iglesias y escuelas que habían encontrado.

El grupo había llegado con vestidos de funda de almohada: Cortar tres orificios, tal vez aplicar un diseño y, ¡voilá!

Beverly Nicolás le pidió a su hija, Susan, que buscara el grupo en la Internet. Susan imprimió una página del vestido de funda de almohada. La enfermera jubilada se puso a trabajar.

En los dos años siguientes, Beverly Nicolás, que tenía nueve años cuando su abuela le enseñó por primera vez a coser en una vieja máquina de pedal, había cosido y había enviado a África más de 600 prendas de vestir para niñas y niños.

“Me siento impotente, supongo”, explica, “si no estoy haciendo algo”.

Recuerda que el vestido de funda de almohada por primera vez como si lo hubiera hecho ayer. El sitio web daba las instrucciones paso a paso: “deslizar un pedazo de seis pulgadas de elástico en la parte superior para unirlo” - y así lo hizo con cada funda de almohada vieja de la casa.

Cumplió su propósito. Sabía que estaba haciendo algo bueno. Terminó 60 en las primeras semanas, recibió una caja de una empresa de papel que estaba en su misma calle, y las envió a Rachel O'Neill, fundadora de la organización, en Brownstown, Michigan. La organización la envió a África.

“Esto es fácil. Me dije a mí misma que podía hacer esto, y que todo eso iba a ayudar a alguien”, dijo Beverly Nicholas. “Se convirtió en una causa para mí”.

Cuando ella se quedó sin fundas, encontró otras 15 yardas de material en la casa. Compró una nueva máquina de coser remalladora. Comenzó a coser vestidos durante ocho a nueve horas cada día.

La gente empezó a oír hablar de Beverly Nicholas y lo que ella estaba haciendo. En el club de casas móviles, las mujeres comenzaron a traer fundas de almohada y metros de tela para ella. En las tiendas de tela, otras mujeres se enteraron de la historia y comenzaron a enviarle metros y metros de tela.

“Voy a tomar todo lo que es algodón, no importa,” ella dice. “Voy a ver qué puedo hacer con él”.

Los vestidos son para niñas de cuatro a 14 años. Ella hace tiempo que dejó las fundas de almohada, descubriendo rápidamente que las nuevas eran demasiado caras para una enfermera jubilada. Así que ahora ella hace cada vestido desde cero.

Lo que pronto aprendió es a no hacer los vestidos demasiado vistosos, con adornos y encajes por ejemplo.

“Yo nunca les hago todo ‘girly-girly’”, dice. “Aprendí que cuando los lavan, los tienen que llevar hasta el río. Si están demasiado sucios, los golpen con una piedra. No, ellas no necesitan cosas con adornos. Sólo se desintegrarían”.

Hay Little Dresses for Africa en todos los estados ahora, y juntos han cosido más de 1.5 millones de vestidos para la organización. Beverly Nicholas cree que es la única en el condado de Orange. Ella no ha oído hablar de otra persona.

Ella estaba trabajando en pantalones cortos para niños pequeños cuando llegué. Los pantalones cortos habían sido su misión durante la mayor parte del año pasado, y también parte de los esfuerzos de la organización para vestir a los niños, lo que ellos llaman sus ‘Britches’ (que en español sería pantalones) para el programa de niños. Ella dice que puede crear un par de pantalones cortos con 50 centavos de tela.

“Los bolsillos son los más difíciles, sin embargo”, dice.

Beverly Nicholas no tiene planes de reducir la velocidad. Su vista, dice, no es tan buena como solía ser. Así que ya no trabaja en la noche y ya no trabaja con telas oscuras. No puede ver las costuras en estas telas, dice.

“Cincuenta prendas por trimestre. Esa es mi meta reducida”, dice. “Yo sé que estoy haciendo una diferencia. Ir a la página web (littledressesforafrica.org) y ver a esos niños. Sus caras están sonriendo. Estamos haciendo feliz a la gente.

“Yo seguiré haciendo esto hasta que ya no pueda hacerlo más”.


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