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Jorge Ramos

El regreso de los dinosaurios

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Columnista sindicado

Ciudad de México Cuando desperté, el PRI todavía estaba allí. En realidad, nunca se había ido. Durante 12 años el Partido Revolucionario Institucional (PRI) planeó su regreso y lo consolidó el día de las elecciones con todas sus viejas prácticas. Y una vez más, estaba acusado de ganar la presidencia mediante la compra de votos.

La duda no es si Enrique Peña Nieto obtuvo más votos que los otros candidatos. Todos los conteos y recuentos así lo indican. El problema está en cómo los consiguió. ¿Por qué será que todas las elecciones presidenciales que ha ganado el PRI desde 1929 huelen a podrido? ¿Acaso no pueden ganar limpiamente?

Andrés Manuel López Obrador, el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), rechazó los resultados en cuanto los votos fueron contados. López Obrador argumenta que fueron reportadas demasiadas irregularidades en el día de las elecciones, la más grave de ellas cuando partidarios del PRI supuestamente distribuyeron miles de tarjetas prepagadas de regalo, o “monederos electrónicos,” a cambio de votos – acusación que el PRI ha rechazado. López Obrador también acusó al PRI de gastar en la campaña de Peña Nieto más de lo permitido por las leyes electorales, y dijo que llevaría su acusación ante los tribunales. En una conferencia de prensa el lunes, López Obrador dijo que él y sus partidarios tenían pruebas de que fueron comprados aproximadamente cinco millones de sufragios.

Pero incluso si el Tribunal Federal Electoral decide que estos supuestos trucos del PRI no determinaron el resultado final de los comicios, siempre va a quedar la sospecha de que triunfó el candidato que pudo comprar más votos: Peña Nieto. Y no va a ser fácil gobernar así; no van a parar los cuestionamientos del movimiento estudiantil Yosoy132 y de los que creen que hubo fraude.

Peña Nieto, para millones, será otro presidente ilegítimo (a pesar de las felicitaciones de jefes de estado y las entrevistas triunfalistas con corresponsales extranjeros). Y a los únicos que se puede culpar por esto es a él y a los priístas que no siguieron las reglas del juego democrático. Sí, el candidato priísta obtuvo más votos que los otros tres, pero todo indica que la campaña no fue en igualdad de circunstancias.

Soy de los que dudan que un dinosaurio pueda convertirse en demócrata. Es difícil de creer que los mismos que planearon la caída del sistema y el fraude que puso a Carlos Salinas de Gortari en el poder en 1988, ahora jueguen a contar votos. Tampoco es creíble que la misma gente que aceptó dos dedazos para que Ernesto Zedillo llegara a la presidencia en 1994 – el primero fue a Luis Donaldo Colosio – hoy alaben las virtudes del voto en sus columnas periodísticas y den clases de democracia en universidades extranjeras.

El PRI parece haber hecho en 2012 lo que acostumbraba hacer en el siglo pasado para “ganar” elecciones. Ya no tienen a un presidente que con un dedazo impone a su sucesor. Pero el aparato para arrancar votos, sigue bien aceitado y financiado.

Estamos entrando al “Jurassic Park” mexicano. Regresan los dinosaurios a gobernar. Por las malas. La naciente e imperfecta democracia mexicana – tan joven; apenas lleva tres elecciones presidenciales – aún tiene mucho que aprender. ¿Qué pasaría en Estados Unidos o en Francia si se descubren miles de tarjetas para comprar votos? En México no pasa nada o casi nada.

Sin la menor duda, López Obrador, al impugnar la elección, hizo llover en la fiesta del PRI. Tiene todo su derecho a quejarse y a hablar por millones que piensan como él. Pero lo único que me brinca es ¿por qué continuó en la campaña y firmó el pacto de civilidad, si ya sabía de las trampas que estaba haciendo el PRI? Lo del patrocinio de algunos medios a Peña Nieto no es nuevo; el periódico británico The Guardian lo sacó semanas antes de las votaciones y la revista Proceso años atrás. Y hubo muchos reportes de los monederos electrónicos en la prensa mexicana antes del primero de julio.

Lo verdaderamente triste de esta situación es que los problemas más urgentes de México – narcoviolencia, falta de empleo, la concentración del poder en unos pocos, la educación secuestrada por un sindicato – no serán resueltos por esta nueva pelea dentro de la clase política. Esto nos retrasa años y, mientras, Brasil, China y la India se nos adelantan irremediablemente.

¿Aguantará esto México? El escritor Carlos Fuentes alguna vez me dijo que México aguantaba todo, “hasta dos volcanes.” Es cierto. Pero es desesperante y frustrante que México siga aguantando cuando, en realidad, debería estar despegando.

¿Tiene algún comentario o pregunta para Jorge Ramos? Envíe un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com. Por favor incluya su nombre cuidad y país.

Jorge Ramos es ganador del premio Emmy, autor de nueve libros y conductor del Noticiero Univision.


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